17 / 02 / 2020

Archivo Loja, Ecuador

Óyeme, el villancico es mío

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Óyeme, es tiempo de alegría, vengo cantando.  Ahora como cuando niña, repito villancicos, todos están animando.   Desde hace tres domingos y seis días, un ángel canta y anuncia a María, es tiempo de adviento, preparación del nacimiento, alguien ha llegado a tu umbral y dice que Jesús te tiene un regalo.

Óyeme, ahora que con mi burrito sabanero voy camino del crecimiento, ahora que celebro, ahora que alabo, ahora que represento y comparto el pan como la alegría; y las luchas son menos crueles, si tengo en mis escondites amor, solidaridad, fe, generosidad, humildad, compasión.

Óyeme, cuando  te encuentro tanto en la casa del amigo, como en el camino del desconocido, ahora que entiendo que el  templo y hogar son sagrados y  así he llegado a conocer tu nombre con cada letra en acción.

Óyeme, como cuando tuve cinco años y me perdí a la vuelta de la esquina, los peligros reventaron ante tu presencia y aquel carro destinado a atropellarme, no tocó mi burrito; “ …si me ven, si ven, voy camino de Belén”. 

Óyeme, como cuando en la escuela, en Navidad para las representaciones del nacimiento, fueron  mis compañeritas las pastorcitas, por allí, apareció la virgen María, y una niña de las más queridas: San José; la profesora dijo, “para ti ya no hay personaje, que te parece si haces un corderito”.  Contenta, al día siguiente me presenté con dos grandes orejas y un vestido plomo de mi madre. “Tuki, tuki, tuki, tuki; tuki, tuki, tuki, ta, apúrate mi burrito que ya vamos a llegar”.

Óyeme, como cuando en ausencia de papá, hicimos ese trato, para que no envidie el padre ajeno, y tú me diste protección, orientación y consuelo. Óyeme, porque cuando tenía los treinta y seis años casi lo olvido, ya sin mamá presente, me volví a perder a la vuelta de la esquina…, hoy vengo a agradecerte.

Hoy al igual que de niña, cada año, en diciembre o enero, soy yo la que cargo el incienso,  el carbón encendido, soy quien aviento, y la que pasea por toda la iglesia, perfumando con la estela de humo, soy quien no falta a la misa del gallo y luego a la misa del niño en enero; y así leo tus cartas, sigo tus signos y los días son libres como los sueños y no tengo que andarlo contando, pues es algo íntimo, muy nuestro.

Finalmente, qué bueno fue ser el burrito, qué bueno fue que en el reparto no quedó nada más que lo sencillo, lo ingenuo, lo sacrificado; porque a mí, así me toca, cuando niña, me gustaban las muñecas y fui mamá amorosa, ahora, ya sin posibilidad de serlo, rezando la novena del niño Jesús, represento a la virgen María, y me llega nuevamente el consuelo, no importa las circunstancias, hoy vengo a agradecerte y decirte, que aún no he crecido y de los peligros me protejas.  “Tuki, tuki, tuki, tuki; tuki, tuki, tuki ta, apúrate mi burrito que ya vamos a llegar”.(O).

 

 

 

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