17 / 02 / 2020

Archivo Loja, Ecuador

Un mimo de fin de año

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Bajarle el volumen al mundo, ver solamente gestos, caritas, caras, caretas; esto es una propuesta para afinar la comprensión de la vida.  Los sordos sabemos de esto, somos más observadores, la vida es como un mimo que nos va diciendo todo a base de símbolos, gestos,  señas.

Imagina que por un solo día, estás con los oídos tapados sin el mundanal ruido, el silencio afina la comprensión. Ese día es fin de año, acaba un ciclo, empieza otro, cómo sería, si las manifestaciones del último día del año fueran silentes.

He salido dispuesta a dar unas monedas a las viudas del año que fenece, cuando me subí al autobús, un payaso se embarcó conmigo, después de saludar, hizo un drama eligiendo a actores del público, ninguno accedió a participar, sin embargo, allí estaban riendo con el mimo; era Marimar y escogió a su galán, ofrecía dar besos a los que no quieran seguir su comedia. Finalmente, con sus jocosas ideas, había robado unas carcajadas a cambio de una cuota voluntaria.  Así es la vida, nos lleva, condiciona, da recompensa y cobra la cuota.

Paseando por las calles de la urbe, pasaron las viudas, todas alegres, desproporcionadas en su vestir, maquillado hasta el pensamiento y con vistosas pelucas, haciendo bailes exóticos, paraban los automóviles, lanzaban piropos a los conductores y pedían la recompensa, si no accedían, no se levantaba la cuerda que obstaculizaba el tránsito. La historia me recuerda ese juego de la vida, donde se cruzan tantos personajes, si no aceptas a los demás, te relajas y disfrutas, mientras no te abres a otras formas de pensar, los obstáculos no te dejan avanzar.

Había mucha gente, algunos llevaban puesta su carita, otros simplemente su cara y los más audaces conservaban la careta; cada uno con su rol puesto, por allí asomó desde el soñador hasta el hacedor de predicciones, muy serios, pretendiendo no reír para no bajar el nivel de respeto, también estaba el padre de familia, el ama de casa, los hijos y no faltó el político que sí sonreía y hasta bailaba con las viudas. Hermosas representaciones, así como en la vida diaria, la noche vieja nos deja eso, una síntesis de lo que somos.

En otros lugares más cultos, colectivos de ciudadanos se habían disfrazado de sí mismos, con el mejor saco y sombrero, la careta más conservada; habían dado rienda suelta a las expresiones de la costumbre urbana.  Desfilaban quinceañeras, novias subidas en carruaje que era halado por caballos adiestrados y un Chaplin que los dirigía; también, madres símbolo, mejores ciudadanos, presidentes de gremios, asesores, cuenteros, noveleros y tantos otros. Todo esto me mostró un mimo de fin de año, de veras… de veritas; y te lo digo, por si lo ves, para que observes las señales en él mismo.(O).

 

 

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