27 / 01 / 2020

Archivo Loja, Ecuador

Casita de barro

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Yo lo he visto buscar el lugar más seguro y luego, hacer la mezcla, con agua de río que corre o de lluvia que posa paciente, con barro de arcilla, con paja de campo entregada al sol; es escrupuloso para escoger los materiales, no usa utensilios más que su largo pico y sus alas,  tiene la fórmula perfecta, las cantidades precisas, por cada gramo de barro, una porción de nube y pedazo de hierba seca que tiene fortaleza de sol.

El pájaro sabe el proceso, que consiste en hacer miles de preparaciones, siempre con los mismos elementos y fórmula. Los acarreos los hace en el pico hasta el lugar más alto donde sienta la casa. Aprovecha con gran visión los vértices de una horqueta de árbol y sigue  rigurosamente el plano imaginario.

Después de sinnúmero de acarreos, colocando la mezcla en forma de círculo, va edificando a la vez que puliendo con el pico, va levantando a la vez que dando forma y así sin dejar de prever una entrada que no es puerta, porque tiene un diseño diferente que cualquier edificio del mundo, el lugar posee todo lo preciso para dar albergue al alma, para hacer una casa al amor, en un mundo tan próximo, pero, lejano para los humanos. 

Terminada la obra, trae a la hembra para juntos concebir los nidos, abrigarlos y que nazcan los pichones en la tibieza del hogar.  Esta casita de barro es su obra maestra, porque es accesoria a la gran obra, al magnánimo amor.  Los demás pájaros lo ven con reverencia y respetan, ese lugar es como un templo, algo que no se profana, algo sagrado, proveniente de lo divino.

Así es como la casita de barro cumple su función, luego del proceso de crianza de pichones, todos abandonan la casa, se van, pues son libres, no atesoran cosas materiales, tienen mayor sabiduría que cualquier criatura en la tierra.

Los humanos también construyen su casa de barro, pero, sus elementos y sus sentimientos son más complejos, sofisticados y quizá mezquinos. Antes como ahora, el humano usa su inteligencia, alejándose de la sabiduría.  Hay algunos que construyen no solo una casa, hacen varias, hay otros que sin poder construir, destruyen la casa y los sueños del prójimo; no es extraño ver como se unen, como conspiran y realizan lo imposible para despojar, destruir, perjudicar y sus mansiones tienen puertas, por las que no se entra al mundo, sino a las sombras.

Un anciano pregunta a otro de la misma condición y jubilado, ¿qué piensas hacer con tu bonificación económica por jubilación? El que está en jubileo le responde, una casa de barro; el viejo curioso, sin respirar ni entender, le replica: pero ¿no tienes casa? A lo que el jubilado le responde, me la quitaron los que decían amarme, me la arrebataron aquellos en los que creí, ahora me queda la convicción de saber construir y poder soñar.(O).       

    

 

 

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