24 / 02 / 2020

Archivo Loja, Ecuador

La gran perla

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En el pueblo se cuenta la historia de la gran perla, de cómo fue encontrada y de cómo volvió a perderse. Se habla de Kino, el pescador, y de su esposa, Juana, y del bebé Coyotito.

Y como la historia ha sido contada tan a menudo, ha hechado raíces  en la mente de todos…sólo tiene cosas buenas y malas, y cosas negras y blancas, y cosas virtuosas y malignas, y nada intermedio…que cada uno le atriuya un sentido particular y la haga suya” (J.Steinkeck, La perla). Esta obra, Premio Nobel, siempre despertó en mí el deseo de leerla una y otra vez. Es la historia que actualiza la vida de muchos seres humanos. Las ideologías han creado publicaciones, manifiestos, doctrinas. También nos han estigmatizado con la lucha de clases, la división entre ricos y pobres. Abismos muy grandes entre los hombres, de tal manera que emerge el resentimiento y  la violencia. Se agiganta una cultura de muerte. En su momento fue célebre el mensaje que nació en mil novecientos setenta y ocho, en la III Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, celebrado en Puebla (México): ”Ricos, cada vez más ricos, y pobres, cada vez más pobres”. Era la voz profética de la Iglesia que se levantó como un grito en el tiempo y un lamento en el vientre del continente de la esperanza. Las cosas no han cambiado. Aumentan los niveles de desigualdad a todo nivel. La pobreza moral es la que hunde a la humanidad. La corrupción levanta su bandera en todos los lugares porque surge del pecado institucionalizado. Dijo Jesús que ”nada de lo que entra de afuera puede hacer impuro al hombre. Lo que sale del corazón del hombre es lo que lo hace impuro”. Es una verdad muy determinante. Kino creyó que su mundo cambiaría con una perla de gran valor. Su familia fue perseguida, su casa fue quemada. Recuperó la paz y su dignidad cuando ”revoleó el brazo y lanzó la perla  con todas sus fuerzas. Kino y Juana la miraron partir…y la perla entró en la hermosa agua verde y cayó hasta el fondo. Y la perla yacía en el fondo del mar. Un cangrejo que corría por el suelo levantó una nubecilla de arena, y cuando ésta se posó, la perla ya no estaba. Y la música de la perla derivó hacia su susurro y desapareció”. Jesús nos invita a cerrar este capítulo con su discurso programático: ”Bienaventurados los limpios de corazón porque ellos verán a Dios”. Vamos a continuar, paso a paso, escribiendo en la historia las parábolas de la justicia y del amor al prójimo. Aunque no logremos eliminar las desigualdades, sí podemos aumentar, con amor, la cercanía con el hermano. Gracias Kino por tu decisión. Tu pobreza es plenitud. La perla que liberaste te devolvió la felicidad. Nos enseñas a susurrar melodías de paz.(O).

                                                   

 

Modificado por última vez en Enero 26 2020

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