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No basta vivir es necesario un destino sin esperar la muerte

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En el mundo democrático, libre y soberano se nos dijo que a través del voto popular, el pueblo elige libre y espontáneamente a los mandatarios de nuestro país, esto como derecho que nos asiste y se inscribe en la norma democrática. Ciertamente que la democracia es un adelanto político. La división de los poderes, la intervención del sufragio popular puede evitar injusticias. Pero surgen intereses, hablan las empresas y sociedades capitalistas, grita el márquetin político, actúan los más hábiles, y quedan los derechos del hombre y de los ciudadanos a merced de las ambiciones, del lucro y de la llamada partidocracia. Frente a esta realidad pensamos  que no son las leyes de la democracia, son la intensidad del espíritu del hombre y la energía existencial  los verdaderos elementos de justicia y moralidad social.

Recordamos que la Declaración Universal de los Derechos del Hombre realizada el 10 de Diciembre de 1948 por la Asamblea General de las Naciones Unidas, reza que todos los hombres nacen libres e iguales. Afirma, luego que cada uno puede  prevalecerse de todos los derechos  y de todas las libertades proclamadas  en la Declaración  sin distinción ninguna de raza, color, de sexo, de lengua, de religión, de opinión política, de origen nacional o social, de fortuna, de nacimiento o de toda otra situación.

 Lo recordado se proclama y se practica en los grupos de poder, oligarquías criollas e imperialismo norteamericano, como propaganda contra la organización popular; pero lo cierto es que las instituciones de los  llamados países del “mundo libre” como el FMI, mantienen la desigualdad humillante, corruptora, provocativa contra millones de seres  humanos que con su existencia y su trabajo ayudan a la evolución de las naciones y el mundo.   

 Frente a esta realidad lacerante, dura, que atraviesa nuestro pueblo se hace imperativo la necesidad de comprender la urgencia del papel político de los sectores progresistas, organizaciones sociales, para realizar la construcción de un solo frente que manifieste un verdadero proyecto de cambios, que exige ir venciendo logros, ir subiendo escalones, acumulando fuerzas, consolidando la utópica unidad de todos, sabemos que es duro hacerlo pero hacia allá debe estar los objetivos señalados.      

 Para lograr el soñado Frente Único de nuestro pueblo se hace necesario de la madurez política de todos nosotros, acción que implica dejar de lado esa grave enfermedad que se llama sectarismo, dejar de lado el desesperado interés de tantas personas predestinadas a ser candidatos por mandato divino o los que es más creerse genuinos representantes de las masas populares. Frente a esta actitud, quizá, la más importante la organización, para que el discurso sobre la unidad, deje de ser falso, y conduzca a la construcción de la unidad sin exclusiones por y sobre encima de todos los intereses de grupos o de personas.   

 Finalmente para recordarles el pensamiento de Albert Camus: “No basta vivir, es necesario un destino sin esperar la muerte. Es justo decir que el hombre tiene la idea de un mundo mejor que éste. Pero mundo mejor no quiere decir diferente; quiere decir unificado” para ello no basta afirmar el derecho a la participación ciudadana, se hace imperativo apoyar a los movimientos populares, ayudando a la organización del pueblo, dejando la responsabilidad de escoger sus propios caminos. De no ser así estaríamos cometiendo los mismos errores de siempre que son signados como una mala práctica política, la tarea de pensadores y líderes populares es hacer realidad las aspiraciones del pueblo que busca su liberación para aprender en democracia y forjar la tierra nueva donde las oportunidades sean para todos por igual. Así sea. (O).

 

 

 

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