17 / 02 / 2020

Archivo Loja, Ecuador

Valentín, la rosa y la araña

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Cuando llega febrero, todos en este albergue lojano sabemos que habrá fiesta, si me pongo observadora, miro en  las chiquillas cosas inusuales, como que algunas pasan por mi calle, más rosaditas, con los labios florecientes y el corazón entonando lalaila, lilaila, lalaila…

Lo cierto es que en estos días, a tiempo y destiempo, un señor al que le llaman Valentín, a quien nadie conoce, organiza una gran fiesta en honor al amor.  La celebración es el día catorce y es el único tiempo en que el campanario de la iglesia del santo amoroso, repica catorce campanazos, para anunciar la gran fiesta.

Yo, en todos mis años, olvidé correr mientras corría y siempre me quedé fuera de la celebración, pero, la bulla me cuenta que es un escándalo mudo, algo que emerge desde los corazones.

De esta manera, los amorosos y desamorosos esperan el catorce, unos para expresar amor,  otros para expresar desamor; más, cada quién lo vive a su manera, los muchachos le encuentran sentido en lo romántico, mientras que, los adultos organizan su fiesta íntima  con su amor o desamor.

La verdad no sé, si se bebe vino o nos embebe el vino de San Valentín en la fiesta, tampoco sé si lo invitan realmente al amor o a un impostor, pero, de lo que si estoy segura, es que Valentín es buen anfitrión y que nunca se ha quedado anticuado. 

En otros tiempos, él se daba modos de hacernos saber su presencia, fíjense señores, que a mí, me enviaba mensajes a través del pájaro que cantaba subido en el alambre de luz eléctrica; ¡huff, eso sí era tecnología!   

En esa misma época, yo lo vi dar de comer a los perros en los zaguanes, ciertamente no vi su rostro, más conocí su alma noble y cuando fui tierna hoja del árbol de las manzanas anaranjadas, no puedo negar que me acariciaba.

Es un raro espécimen, aparece disfrazado en una fiesta que no es de disfraces, una degeneración futura que nos recuerda el pasado. Hoy, ya sin empachos, es un intruso, que algún entremetido ha empujado a nuestra historia con fines comerciales.

Más, si te encuentra, de ley apelará a tu ternura, te estremecerá en suspiros, te dejará un retrato sin rostro, entonces, buscarás el anillo perdido, llorarás el compromiso hecho o deshecho, evocando la sutilidad de las rosas que adornan la casa de las arañas.

Sin embargo, el amor siempre será el amor y San Valentín su patrono y no hay forma de librarnos de eso, no se irá cuando tú ordenes, así pongas la escoba invertida detrás de la puerta, porque su presencia, aunque felicidad triste y desafiante es amada.

Por todo eso, no vayas a salir corriendo a buscarlo, no te asustes, ni intentes suicidarte; si vas a su celebración: celebra, pero, si se fue, se fue. Es  San Valentín y tanto la rosa como la araña son parte de su fiesta amorosa y necesaria. (O).

 

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