31 / 05 / 2020

Archivo Loja, Ecuador

Reflexiones sin fronteras

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Desde la única fortaleza que por hoy tenemos todos los seres humanos, nuestro hogar, como trinchera y reducto,  para defendernos del mortal enemigo el covid-19, se hace necesario realizar algunas reflexiones, con las cuales, espero aportar con un granito de arena más, para llegar a la conciencia por un cambio de actitud, no   únicamente de quienes gobiernan los diferentes Estados, sino también de todos los que habitamos este hermoso planeta Tierra, que por hoy, está tremendamente herido y con  pronóstico reservado.

Me uno, a los esfuerzos de quienes están interesados en defender la vida, por encima de todo interés de orden económico, de poder político, o de cualquier otro  tipo de canonjías, que afecten la vida y bienestar de la sociedad; fundamentalmente el de la salud, que es y seguirá siendo, el tesoro más valioso  del hombre; y que, cuando la pandemia del covid-19 hoy ha diezmado a decenas de miles de valiosas vidas, estimamos a la salud, en su verdadera dimensión.

Según estudios de los especialistas, hace 10.000 años, el planeta contaba con cinco millones de seres humanos, hoy nos hablan de siete mil millones, lo que nos demuestra la gran explosión demográfica existente al momento.

Prácticamente, el hombre de selva y rural, desde tiempos arcaicos, ha defendido preferentemente su hábitat, constituido por montañas, selvas, campos de cultivo, fauna, flora, ríos, lagos, océanos y mares; es decir, todo el ambiente que los rodeaba. No así, el hombre citadino de los tiempos modernos, cuyos intereses son muy diferentes. Él formó otro tipo de sociedad, misma que se caracterizó por ser de tipo explotador y consumista; y a su vez, revolucionó la ciencia y la tecnología, capaz de querer llegar a conquistar el poder en casi todos los países del Planeta y proyectarse hacia nuestro Sistema Solar y aún, hacia el Universo.

En su ambición desmedida de acumular poder y riqueza, en poco más de un siglo, ha destruido casi por completo a nuestra Pacha Mama, misma que, por miles de millones de años, ha logrado mantener no únicamente su propio equilibro, sino también el equilibrio del Universo.

El mayor método expansivo de dominio de los pueblos a lo largo de su historia, ha sido el de la guerra, pasando de la flecha a los más sofisticados arsenales de armas de todo tipo. Más, cuando explosionó la primera bomba atómica en Hiroshima, se inicia la era apocalíptica, por cuanto su irradiación nuclear a más del terror que sembró y sigue sembrando en el mundo, está diezmando la vida de millones de seres humanos, así como la existencia misma de nuestro Planeta.

La Tierra ha soportado fenómenos atmosféricos, hidrológicos, geológicos, así como de fuerzas extrañas; pero, estos mismos fenómenos naturales se han convertido en verdaderas amenazas, cuando por la intervención dañina del hombre, han acelerado su dimensión y se han transformado en fenómenos potencialmente peligrosos que atentan contra su propia destrucción y el de la Tierra.

El cambio climático, los deshielos, los tornados, los huracanes, los  incendios, la desertización, las sequías, la contaminación ambiental, la destrucción de la capa de ozono, son unos pocos ejemplos de una triste realidad viviente.

 

Si por otro lado, analizamos la desigualdad social, los cordones de miseria, el alto índice de criminalidad de todo orden, las guerras fratricidas, el ansia de poder y cientos de problemas más, se nos presenta un cuadro fantasmagórico que debemos frenarlo a tiempo.

Hoy el terror de la pandemia del coronavirus ha cambiado de golpe la actitud de la humanidad, con  una actitud incierta en su comportamiento; y por otra parte, está desahogando en algo a nuestra Pacha Mama. Asimismo, nos ha permitido un espacio de reflexión que nos lleva hacia un cambio de actitud, para procurar una sociedad más justa y tolerable, así como, un rostro más humano de la vida.

Este minúsculo enemigo invisible inicia el cambio de una nueva generación, o de una nueva raza, quizá con una conciencia cósmica que transforme la vida, que nos entregue la clave y devele los secretos de un nuevo código genético, que nos aclare los errores hasta aquí cometidos y nos vuelva más espirituales, con una conciencia universal más iluminada, para lograr un mundo mejor.

Desde mi modesto punto de vista, la Conciencia de Dios nos guarda esos secretos hasta hoy indescifrables. Esperemos que con su infinita bondad y misericordia, nos revele dichos secretos y nos señale el camino para poder entender lo que es y será el nuevo amanecer hacia una conciencia universal de armonía, paz y bienestar.

Por hoy, pídamole Dios nos ilumine y nos proteja de la pandemia del coronavirus, misma que nos revelará estos seguro, en un futuro no muy lejano, muchos signos apocalípticos de la vida terrenal.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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