29 / 05 / 2020

Archivo Loja, Ecuador

Un jirón de tu corazón

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Recuerdas cuando era tu corazón niño, te conmovía la vulnerabilidad del anciano, la necesidad del mendigo, el dolor del enfermo, la orfandad de un gato abandonado; y queríamos ir arreglando el mundo.

Con la convicción que todos tuvimos un corazón así, puedo asegurar que en esas circunstancias gustosos gastaríamos tiempo en capturar mariposas felices, que se le escaparon al anciano en su intento de vivir y que ahora le devolverían la alegría,  quien no soñó con una lotería para sacar a los mendigos de su mendicidad; y a lo mejor, hasta quisimos ser enfermeros para dar consuelo a los enfermos, no faltó el intento frustrado de convertir la casa en un albergue para los animales abandonados; y cuando la realidad nos frenaba de golpe, después de pelearnos, con todo el mundo en contra, no quedaba otra cosa que rezar, rezar, con un jirón rojo sacado del corazón.

Sí, eran tiempos  de amar las cosas simples, recuerdo que paseaba por el barrio muy atenta a las necesidades del otro, conocía de memoria la fisonomía de cada árbol y perro del parque, nunca faltó una caricia para el abandonado y muchas veces me quedé sin la porción de pan del mandado, destinándola a otro más necesitado y así aprendí a identificar aquellos que llevaban un jirón rojo en su pecho.

El tiempo ha pasado y ciertamente ya no tengo el corazón niño, sin embargo, no he perdido la capacidad de ver cuando alguien saca un jirón de su corazón, entonces sé que silenciosamente pide auxilio.

En estos tiempos cuando el sufrimiento nos consume, casi todos estamos con un jirón de nuestro corazón afuera, las banderas rojas abundan en las casas y hay quienes piensan que son las instituciones estatales las únicas que deben atender la llamada de auxilio, situación que nunca ha sido así; pues, este tiempo de jirones rojos, es el tiempo de la solidaridad.

Allá afuera hay mucha gente sufriendo, hay mucha gente muriendo, hay jirones rojos por todos lados.  En estos momentos, hay tal desesperanza que cada uno tiene el deber de dar según lo que posea, y esto no es exclusivamente material, quizá este tiempo es para devolvernos un corazón niño, un corazón que sienta más, como en otro tiempo, solo así podremos salvarnos, vencer el sufrimiento, sobrevivir la crisis, aprendiendo a mirar el jirón del corazón ajeno y buscar una solución a esa necesidad.

A pesar de mi jirón rojo flameando afuera de mi corazón sufrido, esto no me impide, decir que hay esperanza, que este momento es solo eso, que el mejor camino es un corazón más bueno, y que, aunque estemos limitados materialmente, podemos repartir esperanza, enseñar a otros a conectar con la fuente suprema, y rezar, orar, dar solidariamente, porque rezos, oraciones y acciones solucionan cualquier problema.

 

 

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