21 / 10 / 2019

Archivo Loja, Ecuador

Nuestro tiempo

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Hace meses logré contactarme con un apreciado compatriota, quiteño, que radica en Quito, a quien no he visto desde hace más de 40 años.

 

Con él y otros amigos, en esa lejana época de nuestra juventud,  pasamos momentos muy gratos en un lejano país en calidad de estudiantes y formamos un pequeño pero solidario núcleo de ecuatorianos durante algo más de un quinquenio. Cuando estuve en Quito hablé con este compatriota por teléfono, por más de cinco ocasiones, para exponerle mi ferviente deseo de saludarlo, pero siempre tuvo una disculpa, un deplorable autoengaño (a pesar de que en conversaciones telefónicas previas se había manifestado muy asequible), para eludir el reencuentro.  Sentí frustración por el fracaso de la anhelada cita pero también mucha pena, especialmente por  este estimado compatriota, por su modo de encarar la vida  a esta altura de los años y su lamentable forma de valorar el tiempo, nuestro tiempo…
Me refiero al tiempo cronológico humano, que muchos equiparan al oro o a cualesquiera otro bien material, pero que con ser en muchos aspectos muy relativo en cuanto a valor, real, objetiva y subjetivamente está muy ligado a nuestra existencia, a nuestra vida. Si queremos entender mejor el valor de un año, preguntemos al estudiante que repitió  el curso; de un mes, a una madre que alumbró a un niño prematuro; de una semana, al editor de un semanario;  de una hora, a los amantes que esperan encontrarse; de un minuto, al viajero que perdió el bus o el avión; de un segundo, a una persona que estuvo a punto de tener un accidente... Para entender el valor de una centésima de segundo, preguntemos al deportista que ganó una medalla de plata en las olimpiadas….
Camilo Cruz dice que la diferencia entre el triunfador y el fracasado es la manera en cómo usa o administra el tiempo. El fracasado lo malbarata. Lo que le da verdadero valor al tiempo es su escasez y, en consecuencia, el mejor uso que hagamos de él. Hay personas a quienes tenemos especial estima y gratitud (cuando somos gratos), porque nos entregaron gran parte de su vida (muchas veces a pesar del cansancio, la vejez, la rutina...), son generalmente nuestros  padres, familiares, maestros, cónyuge, amigos, colegas, jefes... Ellos y otros desconocidos nos obsequiaron su TIEMPO.
Atesora cada momento que vivas. Hazlo crecer en valor compartiéndolo con tus familiares y amigos, especialmente con los más desafortunados y con alguien que lo necesite; orientándolo al fortalecimiento y defensa de las causas nobles… Es una forma de vivir y morir en libertad y paz.

Modificado por última vez en Marzo 27 2015

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