28 / 05 / 2020

Archivo Loja, Ecuador

El espíritu de servicio

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La firma del decreto presidencial que redujo los salarios del nivel jerárquico superior puso al descubierto muchas cosas hasta ese entonces desconocidas para el común de los ciudadanos, especialmente cuando se publicó la tabla de salarios de los alcaldes de los numerosos cantones con que cuenta nuestro país, datos que provocaron más que indignación un generalizado asombro por cómo se abusa de la llamada autonomía en los organismos seccionales.


Seguramente la escala dispuesta por el Gobierno no debió agradarles a muchos de los administradores cantonales, sobre todo a quienes encabezaban la nómina de salarios, sin embargo esta medida que trata de ser justa ha sido bien vista por la ciudadanía que considera que el ahorro en tiempos de crisis debe iniciar desde quienes nos representan.

Hace pocos días también les correspondió el turno a los prefectos provinciales, situación que no tuvo la cobertura mediática que con los alcaldes, a lo mejor porque su número no es tan importante como los anteriores, pero que igual tuvo algunas voces que se hicieron escuchar ya sea a favor o en contra de la medida.

De los pocos que se hicieron escuchar fue plausible lo manifestado por el Prefecto de nuestra vecina provincia Oriental, quien recordó a sus colegas a quienes deben su cargo y lo secundario que su sueldo representa cuando de servir se trata. Pero también hubo quienes se han mostrado reacios a una clasificación de provincias que incide directamente en los salarios que deben percibir, argumentando, entre otras cosas, la extensión de su jurisdicción, poniendo como bandera de lucha los amplios recorridos que deben cumplir en comparación a las prefecturas con mayor población, pero con menos territorio que atender.

La situación del país que golpeará a unos más que a otros, sea cual fuere la causa de la misma, irremediablemente debe ser resistida por todos los ciudadanos nos guste o no, pero también se debería vigilar que tal decreto sea atendido de manera literal y, sobre todo, cuidar que esta rebaja no vaya a ser compensada por parte de los altos funcionarios con un nutrido programa de viajes a comisiones, que como todos sabemos representan ingresos extras por transporte, viáticos, subsistencias, gastos de representación o como se llamen según el organismo que los egresa.  

Habría que retomar ese espíritu de servicio y humildad que en las engalanadas tarimas en tiempos de campaña lanzábamos a viva voz, para que la idiosincrasia que parece nos domina como sociedad no permita que cuando accedamos al cargo pasemos a considerarnos poco menos que emperadores, priorizando de entrada las comodidades y ventajas que como tales creemos merecemos, rodeados claro está de lujosas oficinas, vehículos oficiales del año con chofer incluido y, por supuesto, de un salario que nos permita vivir acorde a nuestro nuevo estilo de vida.

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