19 / 10 / 2017

Archivo Loja, Ecuador

Galo Guerrero-Jiménez

Galo Guerrero-Jiménez

La redacción de documentos académicos y científicos no puede sustentarse si no es desde el apoyo que la ciencia y el humanismo nos brindan a través de cantidad de teorías, experiencias e investigaciones que reposan en miles de millones de documentos escritos en casi todos los idiomas del mundo a través de los sistemas de información física y virtual que en diversos soportes electrónicos se pueden consultar para fortalecer el trabajo investigativo que un colectivo de escritores, académicos, científicos y humanistas desarrollan en infinidad de instituciones de educación, institutos y organismos estatales y particulares que dedican todo su talento y esfuerzo para generar conocimiento que sea útil para el desarrollo y bienestar de la humanidad.


 

Aunque parece simple preparar una hoja de vida para presentarla a una institución, bien sea para conseguir un empleo o para solicitar una beca, para la recepción de un reconocimiento, para participar en una investigación o para presentarse a un concurso público de la índole que sea, lo cierto es que, si la redactamos correctamente, se convierte en nuestra mejor carta de presentación personal y profesional: “Dice quiénes somos, lo que sabemos, lo que podemos hacer, lo que hemos hecho y nuestros objetivos” (Moreno et al, 2014, p. 73).


Continuamos con la especificación técnica y de redacción de un artículo científico. Hemos postulado indicaciones de cómo se redacta el título, el autor o autores, el resumen, la introducción, materiales y métodos y los resultados con los cuales, luego, se pasa a la descripción puntual de la discusión que consiste en analizar y comparar en forma correcta lo que significan y representan en el ámbito de la investigación cada uno de los datos obtenidos.


Una vez que sabemos cómo se redacta la introducción, el resumen, el planteamiento del problema, los objetivos, la fundamentación teórica, nos corresponde hablar de la hipótesis, de la metodología, de los resultados, de la discusión, de las conclusiones, de los anexos y de las referencias bibliográficas de la investigación.


En la vida escolar, académica y profesional hay que conocer las formalidades e instrucciones lingüístico-formales y contextuales para crear un texto que sea entendible y debidamente interpretado y valorado por el lector. Como señala Guiomar Ciapuscio: “Quien escribe un texto académico o profesional debe esforzarse por formular el conocimiento complejo que hay que transmitir de manera comprensible y precisa: para ello debe echar mano de estrategias globales generales de presentación de la información y de estrategias específicas de tratamiento de expresiones particulares” (2014).


Para quien se dedica al estudio, a la investigación, a la ciencia, a los negocios, a la educación, a la política y, en fin, a toda actividad humana que implique entrar en contacto con los demás, necesita desarrollar adecuadamente sus habilidades comunicativas, como el punto de partida esencial para una efectiva realización humana, bien sea desde la palabra oral o desde la escritura y utilizando los medios tecnológicos que estén al alcance de su alfabetización funcional.


Lo más saludable y coherente cuando se organiza el currículo escolar en temas de escritura, y en cualesquiera de los niveles educativos, es empezar a redactar temas que estén insertos en un contexto discursivo específico, particularizando “el recorrido que hacen los alumnos por un camino que va de la información al conocimiento, a través de la realización de actividades referidas a un tema o problema” (Finocchio, 2009).


Interiorizar la lengua desde la lectura y la escritura ayuda enormemente a desarrollar los procesos de pensamiento. La lectura es la que más revitaliza el pensamiento y la vida misma en sus múltiples dimensiones. Como sostiene Larrosa: “La lectura es un trabajo con y sobre el lenguaje, con y sobre el sentido, que conduce a la transformación de nuestra manera de ser en el mundo y, con ella, del mundo mismo” (2007).


La preocupación por la efectividad de la palabra humana debe ser siempre profunda hasta en aquel ser que no tiene una adecuada formación para comunicarse; pues, cada cual a su manera se expresa desde “sus límites y sus posibilidades para afectar a quienes la escuchan, por sus virtudes y sus peligros” (Larrosa, 2007).


Si leer trae dificultades porque no es fácil dominar todos los géneros discursivos escritos, la escritura implica otro tipo de problemas. Es necesario recalcar que “la escritura no es tan solo un instrumento de comunicación capaz de traspasar los límites del espacio y el tiempo. Se trata más bien de una herramienta que puede ir forjando ciertas estructuras de pensamiento, ciertos tipos de juicios o abstracciones, y puede determinar determinadas funciones y posibilidades de análisis que difícilmente pudieran ser llevadas a cabo desde la articulación oral del lenguaje” (Salgado, 2014, p. 18).


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