ANÉCDOTAS

Así es mi tierra.

Bajo el Chinchacruz y ante la imponente mirada del Surapo, se levanta Chaguarpamba —tierra prodigiosa—.

Hablar de Chaguarpamba es transportarse, en una taza de café, hacia la tierra añorada, remontarse a aquellos años y empezar un domingo en la famosa calle “10 de Agosto”, en la que era imposible cruzar “sin tropezar” con los guineos seda de los guadueños, esto luego de haber caído ante la insistencia de dejar en venta el maní a “Tuquito” y el café a don Quinto, y ahí vamos negociando las criollas a don Medardo, visitando a don Lucho por esa “cuerda” que no me deja trabajar bonito y de paso llevando el huesito, de vaca tierna dice que es, regreso por la receta de la vieja, mas es imposible entrar, pues el doctor Freddy está al rebasar; camino un poco más y me encuentro con Artemio, quien dice conocer el remedio, mas me pregunta por mi ñaña y me engaña que ya mismo hierve el agua para el café, regreso con “el pan de pico” y nada que está el café, ¡hay Artemio! Ya sonaron las campanas, voy a misa y ahí está taita curita Cristóbal otra vez enojado, no quieren entender, dice, “si te pones la pollera ya no te pongas pantalón”, que por debajo basta el calzón; voy de salida, don Elicio me espera para completar la alforja.

¡María purísima!, se me hace tarde, regreso a la parada y ahí sigue don Ayala, predicando la palabra que nunca entenderé; ingreso donde la Rosita a calmar la tripita, y me encuentro con el Cheche y me pierdo a beber…

¡Madre!, me dejaron los carros, ahora si tocó aguantar, la vieja no me va a perdonar.

En breves palabras, he tratado de relatar una de las cuantas historias que nos identifica a la mayoría de chaguarpambences de aquellos años, aquel campesino de alforja y machete que —cada domingo— salía al pueblo lleno de ilusiones y  anhelos, pero también de preocupaciones; nuestros tiempos han cambiado, las nuevas infraestructuras nos permiten ver otra imagen de Chaguarpamba, quizá no podremos tener la oportunidad de volver a vivir un “domingo en la 10 de Agosto”, pero sí de seguir compartiendo nuestra identidad, cultura y tradición, pues la llevamos en las venas.

Abg. Teresa de J. Hidalgo Chamba