
Entre el 17 y 18 de julio de 1966 —hace 59 años— en la vía Loja-Catamayo, a pocos kilómetros desde el Valle del Eterno Sol, un bus de la Universidad Nacional de Loja (UNL) se accidentó y fallecieron connotados intelectuales y estudiantes, entristeciendo a toda una provincia. Familiares de quienes perecieron en este fatídico día relatan sus vivencias.
Hechos
Catedráticos y estudiantes de la Facultad de Filosofía, Letras y Ciencias de la Educación de la UNL acudieron al sitio Los Mangos, cerca del río Guayabal del cantón Catamayo a disfrutar de un día ameno.
Gonzalo Izquierdo, hermano de Augusto Napoleón Izquierdo (fallecido en este incidente), relató en exclusiva para Diario Crónica que, tras disfrutar de momentos de esparcimiento, en horas de la noche empezaron su camino de retorno a la ciudad.
El automotor de la UNL recorrió pocos kilómetros por la vía de lastre y al llegar a una curva (3 kilómetros saliendo de Catamayo) cayó al vacío, destruyéndose en casi su totalidad.
Los ocupantes tanto heridos como fallecidos quedaron esparcidos por media falda de la montaña. En este trágico suceso perecieron 13 connotados lojanos como científicos y maestros de alta alcurnia: decano de la Facultad de Ciencias de la Educación de la UNL, Manuel Cabrera Lozano; Gonzalo Bayancela González, Rosa Grimanesa Ortega, Gustavo Ortiz Arellano, Augusto Napoleón Izquierdo, Juan Iván Cueva Ontaneda, Carlos Franco Pérez, Herminia Masache Jaramillo, Manuel Cruz Muñoz, Ángel Erazo Cepeda, Carlos Sánchez, Ángel Rafael Morales, entre otros.
Mientras tanto, las trece personas que sobrevivieron milagrosamente: Homero Pozo Vélez, Dagoberto Vilela, Carlos Valarezo, Olga Almeida, Piedad Erazo, Germán Calvache, Amada Riofrío, Lucila Cano, Germán Ortega, Gonzalo Salinas, Abraham Rodríguez, Rosenda Hidalgo de Ortiz y el chofer del vehículo, Rogelio Cabrera, fueron trasladas a casas de salud en la ciudad de Loja, como reza el mismo parte.
Luego de este fatal acontecimiento, la comunidad lojana se enlutó rigurosamente y fueron más de 10 instituciones públicas y privadas, desde el Ministerio de Educación Universidad Central del Ecuador hasta los clubes y centros culturales e intelectuales de la ciudad, que hicieron llegar sus sentidas notas de pesar.
Sepelio
“Fue un golpe fuerte para toda la familia, al conocer de su partida, tenía muchas metas por cumplir, pero el Creador lo recogió a penas a los 32 años de edad aproximadamente. Hasta ahora no concibo que han pasado 59 años de esta tragedia”, mencionó Gonzalo Izquierdo.
Los féretros fueron velados en el Teatro Universitario Bolívar, luego la misa campal en la iglesia Catedral y posterior llevados en hombros por la calle Bolívar hasta el cementerio general (donde ahora está el Coliseo Ciudad de Loja).(I).
