Rafael Riofrío
Imaginemos dos ciudades. No como metáforas inocentes, sino como proyectos políticos reales, en disputa, que hoy se enfrentan en el Ecuador. La primera ciudad no nació de la caridad del gobierno. Fue levantada con organización popular y con líderes que entendieron que gobernar no es administrar miserias, sino ampliar derechos. En esa ciudad, el trabajo tiene límites porque la vida vale más que la ganancia: ocho horas bastan para producir. El descanso no es flojera, es salud. La educación no es un privilegio, sino una herramienta pública para liberar conciencias. La salud no se mendiga ni se endeuda, se garantiza. Hay vacaciones, deporte, arte, cultura, porque el tiempo libre también es un derecho conquistado.
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