
El escultor y policromador Paolo Garrido mantiene vivo el legado artístico transmitido durante generaciones, con obras religiosas talladas en cedro y acabados en oro fino de 22 quilates. Aspira exponer sus imágenes en septiembre con la llegada de la Virgen del Cisne.
Historia
La tradición escultórica de San Antonio de Ibarra, cantón Ibarra, en la provincia de Imbabura, continúa vigente gracias al trabajo de artesanos que conservan técnicas heredadas desde la época colonial, es decir, es una vitrina viva del arte en madera.
Paolo Garrido, escultor y policromador especializado en arte religioso, llegó a Loja para presentar una colección de imágenes elaboradas bajo los lineamientos de la Escuela Quiteña, corriente artística implantada en Ecuador entre los siglos XVI y XVIII.
Explicó en exclusiva para Diario Crónica que la formación artística de San Antonio nació con el maestro Daniel Reyes, luego se inauguró el Liceo Daniel Reyes, institución que posteriormente dio paso al Instituto Tecnológico de Artes Plásticas Daniel Reyes. Gran parte de los artesanos ibarreños obtuvo allí conocimientos vinculados con escultura, pintura y policromía.
El artista destacó que la vocación artesanal forma parte del entorno cotidiano de muchas familias de la localidad. Desde temprana edad, generaciones enteras crecieron rodeadas de formones, lijas y esculturas religiosas. En su caso, la influencia familiar marcó el camino profesional gracias al legado de su padre, Hugo Garrido, quien también desarrolló trabajos artísticos y compartió conocimientos en Alemania.
Labor
La especialidad de Paolo Garrido corresponde a la escultura religiosa en madera policromada. Cada pieza nace a partir de madera de cedro, material elegido por su resistencia y durabilidad. Además, es un tipo de madera que en los XVI al XVIII se trabajan, porque esta variedad resulta ideal para tallados de alta precisión y garantiza una mayor conservación de las imágenes.

“El proceso artesanal inicia con bocetos y dibujos preliminares. Posteriormente, llega la etapa de desbaste, modelado y pulido, hasta alcanzar detalles minuciosos mediante herramientas tradicionales. Luego continúa el lijado, estucado y policromado. Varias obras incluyen aplicaciones de pan de oro fino de 22 quilates, técnica característica de la Escuela Quiteña y visible en numerosos templos coloniales del país”, afirmó.
Añadió que la aplicación de oro fino aporta mayor valor artístico y realza cada detalle de la imagen. Él participó en trabajos de restauración para el Convento de San Francisco de Quito y la Capilla de Fátima en Loja, donde aplicó oro fino en el retablo.
Imágenes
Entre las figuras más solicitadas, porque el escultor trabaja con los franciscanos, destacan las representaciones de San Francisco en sus diferentes advocaciones (seráfico, contemplando al Señor, junto a los animales…), luego viene los Cristos, seguido de la Virgen del Cisne, Inmaculadas, entre otras.
Afirmó que las esculturas, con tamaños aproximados de 35 centímetros, alcanzan valores cercanos a los USD 320, dependiendo del nivel de detalle y la incorporación de oro fino.
Loja
A su vez, anunció que, por pedido del obispo Monseñor Walter Heras Segarra, espera estar nuevamente exhibiendo sus obras en septiembre cuando la Santísima Virgen este en la ciudad de Loja.(I).
San Antonio de Ibarra, de la provincia de Imbabura, es la vitrina viva del arte en madera.
En el lugar realizan imágenes elaboradas bajo los lineamientos de la Escuela Quiteña, corriente artística implantada en Ecuador entre los siglos XVI y XVIII.
