La sequía de 1968, una herida que aún recuerda Loja

Sequía que afectó a la provincia de Loja.

Más de medio siglo después, los testimonios de sobrevivientes y descendientes mantienen vivo el recuerdo de una emergencia que secó cultivos, diezmó animales y provocó una migración masiva. En la actualidad algunos cantones lojanos, cada año la viven, pero con menos intensidad.  

Historia

La sequía de 1968 marcó uno de los capítulos más devastadores para Loja y el sur del Ecuador. La prolongada ausencia de precipitaciones redujo drásticamente la disponibilidad de agua, dejó tierras improductivas y golpeó la producción de alimentos esenciales como maíz, arroz y hortalizas. El desastre ocurrió en un contexto político y económico complejo, marcado por la dictadura y los procesos de reforma agraria, circunstancias que profundizaron la vulnerabilidad de las comunidades rurales.

El docente universitario de Ciencias Sociales, Fabián Girón, relató en Diario Crónica que aquel periodo constituye una historia desgarradora. “Durante meses las plantas se marchitaron, los ríos disminuyeron hasta secarse y los pozos dejaron de proporcionar el recurso necesario para la subsistencia. Los pastizales desaparecieron y decenas de animales, entre ellos vacas, caballos y ovejas, murieron por falta de agua”.

La desesperación alcanzó a las familias campesinas, que debían caminar kilómetros para conseguir el líquido vital. En medio de aquella emergencia, el agua adquirió un valor incalculable y se convirtió en el recurso más preciado para quienes permanecían en las zonas afectadas.

La devastación también alcanzó al entorno natural. Como parte de las acciones destinadas a combatir la desertificación y recuperar terrenos degradados, se impulsó la reforestación mediante especies nativas e introducidas como pino y eucalipto. Aunque estas variedades presentaron una elevada supervivencia y contribuyeron a estabilizar determinadas áreas, su incorporación también generó efectos adversos sobre los ecosistemas locales.

Migración

El impacto de la emergencia no se limitó al campo. Afirmó que la crisis agrícola alteró profundamente la economía y la vida social de la provincia. Ante la falta de oportunidades y alimentos, numerosas familias rurales emprendieron un éxodo hacia Quito, Guayaquil y la provincia de El Oro.

Con pocas pertenencias y ante la necesidad de sobrevivir, hogares enteros dejaron sus comunidades de origen. De acuerdo con estimaciones citadas sobre este episodio, más de 160.000 personas habrían salido de Loja y muchas de ellas no regresaron.

“La migración modificó para siempre la estructura social de la provincia. Sin embargo, aquella salida masiva también contribuyó posteriormente al desarrollo agrícola, comercial y cultural de otros territorios. La población lojana desplazada se convirtió en una fuerza laboral que aportó al crecimiento de provincias como El Oro y de otras regiones del país”, puntualizó el docente.

Recuerdos

Lucía Troya conserva recuerdos de aquella época. Indicó a Diario Crónica que ella tenía apenas seis años cuando ocurrió la emergencia, pero recuerda el impacto que tuvo en su familia. Su hermano había migrado dos años antes hacia El Oro y, ante la gravedad de la situación, trasladó hasta esa provincia a sus familiares para garantizar su subsistencia.

“Prácticamente fue una tragedia”, recordó Troya al evocar aquellos años. Cinco años después, regresó junto con sus padres a Catamayo, donde la familia volvió a comenzar y emprendió una nueva etapa de vida.

Los relatos transmitidos de generación en generación también dan cuenta de la extrema escasez alimentaria. Mayra Granda señaló en Crónica que sus padres le contaron que algunas personas que permanecieron en las zonas afectadas llegaron a consumir hasta raíces de papaya y de otros árboles ante la ausencia de alimentos suficientes.

El docente acotó que la sequía de 1968 representó una verdadera prueba de supervivencia para la población lojana. El fenómeno no solo devastó cultivos y fuentes de agua, sino que desarticuló buena parte del tejido económico y social de las comunidades rurales.

Actualmente, la provincia no ha experimentado un episodio de características similares. Los periodos de déficit hídrico suelen ser más breves y, generalmente, se prolongan entre dos y tres meses durante la época seca. Sin embargo, varios sectores continúan siendo especialmente vulnerables al estiaje, entre estos Zapotillo, Macará, la parte baja de Celica, Pindal, Paltas, Catamayo y los valles secos del cantón Loja.(I).

En 2028 se cumplirá 60 años de la gran sequía.