
Lo que comenzó con un decreto de Simón Bolívar en 1829 para el desarrollo de la Feria de Loja pasó por parques, avenidas, calles y escenarios improvisados hasta llegar al Complejo Ferial. La historia de esta celebración resume 197 años de comercio, encuentros entre pueblos y una tradición que forma parte de la región sur.
Historia
La historia de la Feria de Loja tiene sus raíces en 1829, cuando el Libertador Simón Bolívar decretó la realización de estos encuentros comerciales en la ciudad, durante las festividades de la Virgen del Cisne. Según relata Jorge Leonardo Veintimilla, exgerente del Comité de Ferias, aquel acontecimiento marcó el inicio de una tradición considerada pionera en Sudamérica y concebida como un mecanismo para fortalecer la integración entre los territorios que formaban parte de la Gran Colombia.
Explicó en entrevista exclusiva con Diario Crónica, que Bolívar identificó en el comercio una alternativa fundamental para dinamizar la economía lojana. “Tuvo la visión de ver que la economía de Loja podía moverse solamente a través del comercio”, manifestó, al destacar la vigencia de aquella concepción en la actualidad.
En los primeros años, el Municipio de Loja asumía la organización de los componentes comerciales, sociales y culturales de las festividades de septiembre. La Diócesis de Loja, por su parte, tenía a cargo los actos religiosos dedicados a la sagrada imagen de la Virgen del Cisne.
Una nueva etapa comenzó durante la administración municipal del alcalde Vicente Burneo Burneo, en 1962 y los años posteriores. La autoridad impulsó contactos oficiales con departamentos del norte peruano. A pesar de las limitaciones existentes, comerciantes del vecino país comenzaron a llegar a Loja, otorgando al certamen un carácter internacional.
Por entonces, la ciudad todavía carecía de un espacio destinado exclusivamente a la actividad comercial. Los puestos ocupaban el parque Central, parque Simón Bolívar y las calles cercanas. Posteriormente, la feria pasó por distintos escenarios, entre estos, la calle Bernardo Valdivieso, la avenida Emiliano Ortega, la Unidad Educativa Fiscomisional Daniel Álvarez Burneo y la avenida 24 de Mayo.
En este último sector surgieron las conocidas cabañas, espacios que además dieron paso a los primeros espectáculos con artistas vinculados con la celebración.
Los puestos mantenían una estructura sencilla, elaborada principalmente con plástico o lona. El formato estándar tenía tres metros de fondo y ancho, aunque los comerciantes adquirían hasta tres espacios. Esta medida respondía a un modelo utilizado internacionalmente para este tipo de actividades.
La llegada de comerciantes del Perú generaba especial expectativa entre los habitantes de Loja. Entre los artículos más recordados figuran las tradicionales cobijas tigre, además de jarabes y otros productos que llegaban desde el vecino país.
“Los pobladores siempre esperaban que llegaran los peruanos”, recordó, al señalar que los productos procedentes del Perú constituían uno de los principales atractivos para los visitantes.
Complejo Ferial
Durante la administración del alcalde Rubén Ortega Jaramillo, entre 1970 y 1974, comenzó una transformación importante. El Municipio articuló esfuerzos con el Honorable Consejo Provincial, Gobernación y otras instituciones públicas y privadas para organizar las ferias en espacios cerrados y adecuados.
A partir de aquella etapa surgieron los comités de feria, organismos cuya gestión tenía carácter temporal y concluía luego de cada edición hasta la preparación del siguiente encuentro.
El alcalde de ese entonces también proyectó un espacio permanente para el desarrollo de las actividades. Los terrenos municipales ubicados junto al parque Jipiro fueron considerados para establecer el futuro campus ferial. Junto con Clotario Espinosa Sigcho, entonces prefecto provincial, inició gestiones ante el Gobierno para conseguir la autorización correspondiente y consolidar un terreno destinado exclusivamente a las ferias.
La planificación contemplaba, además, la incorporación de predios colindantes pertenecientes a la Fundación Álvarez y a la familia Álvarez Sarmiento.
El Consejo Provincial de Loja inició la construcción del Complejo Ferial de Loja en octubre de 1976, en un terreno que alcanzaba aproximadamente 11 hectáreas; posteriormente, parte de esta superficie fue destinada a la construcción del Teatro Nacional Benjamín Carrión.
Con aquella obra tomó forma el espacio que actualmente forma parte de la memoria colectiva de los lojanos el Complejo Ferial Simón Bolívar, anteriormente llamado Ciudad de Loja y que durante décadas ha acogido las actividades comerciales, culturales y recreativas vinculadas con la feria.
La evolución de la feria también alcanzó una dimensión institucional. El Registro Oficial N.º 763, publicado el 22 de julio de 1991, incorporó el Acuerdo N.º 296 del Ministerio de Industrias, Comercio, Integración y Pesca, emitido el 26 de junio del mismo año.
Mediante aquel instrumento fueron aprobados los Estatutos del Comité de Ferias de Loja, otorgando vida jurídica a este organismo y dando cumplimiento a lo establecido en el artículo 6 del Decreto Ejecutivo N.º 996, expedido durante el gobierno del expresidente José María Velasco Ibarra.(I).
El cobro de ingreso a la feria se instauro entre los años 80 y 90, en esa época en sucres, que en la actualidad serían 50 centavos.
