
Manuel Ygnacio Monteros Valdivieso fue un científico, histólogo, profesor y escritor. Nació en Loja el 19 de abril de 1904, en el hogar de Nicanor Monteros Serrano y Mercedes Valdivieso Ullauri, quienes se dedicaban a la agricultura en la Hacienda «Comunidades» de la parroquia Yangana, en donde cultivaban árboles frutales, caña de azúcar, café y tabaco.
Vida
Manuel fue el tercero de cinco hermanos: José María, Teresita, Hugo y Francisco, quienes alternaban su vida entre el campo y la ciudad debido a sus estudios.
Perteneció a la generación de destacados intelectuales como Benjamín Carrión (1897), Pablo Palacio (1906), Manuel Agustín Aguirre (1903), Juan José Samaniego Burneo (1900), Pedro Víctor Falconi (1898), Carlos Manuel Espinoza (1896), Clotario Maldonado Paz (1908), Demetrio Aguilera Malta (1909), José Joaquín Gallegos Lara (1909), José de la Cuadra (1903) y Ricardo Paredes (1889).
Monteros Valdivieso cursó el tercer año de secundaria en el Colegio Bernardo Valdivieso, pero abandonó sus estudios tras el fallecimiento de su padre. Desde pequeño mostró una gran afición por la lectura de clásicos latinoamericanos y universales, con una inclinación hacia la investigación médica científica, el ensayo y la historiografía, lo que delineó su vocación humanista.
Su deseo de superación lo llevó a cruzar las cordilleras andinas y embarcarse hacia París para estudiar medicina en la Sorbona. Sin embargo, al pasar por La Habana, quedó tan encantado que decidió establecerse allí; a pesar de las dificultades económicas iniciales se consagró al estudio e investigación de la histología.
En 1934, trabajaba como técnico de laboratorio en la Universidad de La Habana, donde preparó su importante libro científico «Técnica Histológica», publicado en 1941. En 1945, fue nombrado profesor de histología y en 1955 publicó «Síntesis y perpetuación de la obra del Genio de las Españas», dedicada al sabio español Santiago Ramón y Cajal. Esta obra le valió su ingreso a la Academia de Historia de la Medicina de Montpellier (Francia) y a la Academia de Historia de la Medicina de Cuba.
En 1963, junto con el médico Paulis Pages, escribió la biografía de Joaquín Albarrán, considerado el urólogo más célebre de su tiempo. Esta obra fue galardonada con el primer premio en el concurso promovido por la Academia de Ciencias de Cuba.
Este ilustre lojano, desconocido en su patria, honró a su país no solo en el ámbito científico, sino también en el ensayo y la biografía. Entre sus otras obras se encuentran: «Estampas del Ecuador» (1947), «El volcanismo en el Ecuador» (1950), «Monografía del microscopio» (1956), «Ecuador Nación Prócer de Hispanoamérica» (1950) y «Biografía de la beata Mariana de Jesús» (1950), «Silueta del cristianismo en el Ecuador Colonial» (1951) y «Origen de la vida» (1953).
Asimismo, dejó un inédito diccionario de Histología y Embriología con más de 35.000 fichas sobre el tema.
Se desempeñó como técnico de las cátedras de Histología Normal y Embriología, y fue fundador de la Sociedad Cubana de Historia de la Medicina. Además, fue miembro de la Casa de la Cultura Ecuatoriana Núcleo de Loja y vicesecretario del Instituto Cubano-Ecuatoriano de Cultura. También ejerció como cónsul de Ecuador en La Habana.
En el ensayo y la biografía, Monteros Valdivieso logró importantes publicaciones en revistas y periódicos de América y Europa. Fue el primer profesor no médico ni graduado universitario de la Facultad de Medicina de La Habana, un hecho inédito desde la fundación de esta facultad en 1728.
En sus últimos años, vivió en una casa de huéspedes en El Vedado, La Habana, a tres cuadras de la antigua Facultad de Medicina y frente al parque que contiene el busto de Víctor Hugo.
Dictaba sus clases en el Instituto de Ciencias Básicas y Policlínicas de la Facultad de Medicina de la Universidad de La Habana, rodeado de jóvenes profesores, todos ellos sus antiguos alumnos, y de una nueva generación de estudiantes de medicina numerosa debido a la necesidad de la revolución de atender la salud pública.
Manuel sorteó diversas molestias hasta que, a causa de un coma diabético que le sobrevino —tras una operación de carcinoma de próstata practicada en el pabellón Albarrán del Hospital Universitario—, falleció a las 11h00 del 23 de enero de 1970, a los 65 años de edad.
Su sepelio reflejó sus hábitos sencillos y sobrios. Poca gente asistió, casi todos sus antiguos alumnos, ya que no tenía familiares cercanos; quienes lo acompañaron en esa tarde nublada y lluviosa, y se daban el pésame mutuamente.
A decir de José María Monteros, sobrino de Manuel Ygnacio, fue un hombre sencillo, inteligente, estudioso y trabajador, de ideales políticos indoblegables; pero, sobre todo, supo cultivar la amistad como un precioso don. Era de alta estatura, tez blanca, contextura media y cejas pobladas. En su trato era simpático, agradable y buen conversador. (I)
