El Gobierno de Cuba detuvo desde el 18 de octubre las actividades laborales estatales no esenciales, en respuesta a la creciente crisis eléctrica. Esta decisión impactó escuelas, reuniones ministeriales y otros organismos estatales. Una avería en una central eléctrica clave provocó un apagón general en todo el país, dejando a la isla sin cobertura energética, informó la Unión Eléctrica (UNE).
El primer ministro, Manuel Marrero, anunció que las medidas incluyen el trabajo remoto y la desconexión de equipos de alto consumo durante las horas de mayor demanda para reducir el impacto. Según Marrero, el objetivo es ahorrar energía y garantizar el suministro a la población.
En la última semana, los apagones han afectado simultáneamente al 51% del país, alcanzando cortes de hasta 20 horas en algunas provincias. El sistema eléctrico cubano está deteriorado por la antigüedad de sus centrales termoeléctricas, que sufren averías frecuentes, además de la falta de inversión y combustible importado.
Los apagones, un problema crónico, han empeorado desde finales de agosto, situándose en niveles críticos similares a los de los peores momentos de 2021 y 2022. El gobierno ha arrendado centrales eléctricas flotantes en un intento de aliviar la crisis, que ha profundizado la contracción económica del país y aumentado el descontento social.

