Campos Ortega Romero
A propósito de las próximas elecciones, colegimos que a lo largo de la historia el ser humano ha intentado encontrar la mejor forma de que una sociedad sea representada, debido a que la vida en comunidad conlleva al establecimiento de reglas y con ello a una forma ordenada de convivir. Una de estas reglas que se estableció desde que el hombre y la mujer cohabitaron en el mismo espacio fue el buscar y designar a un líder que guiara el quehacer cotidiano de la comunidad y, con ello, que ayudara a dar respuesta a los problemas que se llegaran a presentar.
Mas la verdad en nuestro país, desde el 24 de mayo del año 2017 al 24 de mayo del 2021, gobierno de Lenin Moreno, del 24 de mayo de 2021 al 23 de noviembre de 2023, gobierno de Guillermo Lasso y el Gobierno de Daniel Noboa, desde noviembre de 2023, tras su triunfo de las elecciones presidenciales anticipadas su mandato se extenderá hasta el 24 de mayo de 2025, fecha en la que debe producirse la investidura de su sucesor; han ejercido el poder político incluyendo el odio en sus discursos y en sus ideas, ante la pérdida de influencia de los ámbitos políticos y la ausencia de valores para configurar un estado sólido que responda a la solución que el demanda.
El odio político como el terror es un instrumento al servicio de intereses políticos. La clásica obra de “El Príncipe” de Nicolás Maquiavelo dedica un capítulo completo a determinar cuáles son las cualidades más deseables en el gobernante. Ante la disparidad de rasgos personales, el estadista florentino defiende que aquellos líderes excesivamente amados pueden ser traicionados por ser considerados ingenuos, mientras que aquellos que son odiados pueden ser suprimidos violentamente. El odio es, por lo tanto, una herramienta política que Maquiavelo considera poco óptima para el rendimiento político y poco beneficioso para la gobernanza. Al respecto, se debe añadir que esta recomendación fue pronunciada en un momento histórico en el que la democracia como sistema de gobierno aún no existía.
El efecto de estos discursos en quienes los reciben suele ser el miedo, que, como expresión personal, reduce las expectativas de realización, limita los espacios para habitar y valida, incluso en la misma víctima, los efectos recibidos, bajo la pretensión de que su vida no puede ser vivida. Los tomadores de decisiones, que suelen ser los que enarbolan dichos discursos, regulan desde la represión el acceso a derechos y las libertades y, bajo la falsa imagen del bien común, hacen de la diversidad el enemigo interno y minan los anhelos de reconocimiento de sus proyectos de vida. El miedo como conducta social suele ser el resultado del odio como política y avizora un proyecto social de ausencia de diversidad, de imposición de estilos de vida y de control y censura.
Acciones que conducen a nuestro querido Ecuador a la pobreza y desidia, que tiene muchas causas que bien las podemos citar: el desempleo y la pobreza que están estrechamente relacionados; aflige a los ingresos de los hogares más pobres, La falta de inversión por parte del estado en la educación de calidad, la falta de acceso a los servicios básicos como el agua potable, electricidad y línea telefónica, sumado a ello la discriminación por motivos de género y otros tipos, la marginación social y política, la inestabilidad económica, cierre de empresas, contribuyen a la pobreza que tiene como consecuencia la violencia, la inseguridad la perdida de autoestima y los problemas de salud mental. Frente a esta realidad consideramos necesaria el aumento en la inversión social en beneficio de todo el pueblo ecuatoriano.
Las elecciones venideras no son sinónimo de democracia, pero son la puerta hacia una vida democrática, la ventana hacia la elección de quien debe dirigir al pueblo, el espacio por el cual el ciudadano puede y debe exigirle a su representante que atienda a sus llamados, y una forma en que la élite gobernante y el ciudadano entren en contacto y creen una relación de intercambio positivo.
En resumen, la importancia de las elecciones recae en la poderosa acción que se le concede al ciudadano – hombre, mujer, rico, pobre, negro, blanco, moreno, indígena, etc. – de elegir al gobernante y que no sean los dioses o las armas quienes lo hagan. Las elecciones son la espada de la sociedad, la puerta que se abre para crear instituciones democráticas y, actualmente, la mejor forma para que el ser humano busque y encuentre representación por ello su elección y voto son importantes en la vida democrática de nuestro país.
Gustavo Vaga Delgado, señala que: la democracia, como un pacto de vida en común, más que un sistema para la adopción de decisiones colectivas es un ideal de enorme fragilidad que se alimenta de la participación de una ciudadanía activa que incide en los destinos de su pueblo, pero que de no ser cuidada y fortalecida puede desencadenar en modelos intolerantes y autoritarios. Usted amable lector tiene la palabra. Así sea.
