Loja y sus necesidades en las fiestas de independencia

Santiago Armijos Valdivieso

Se acerca el 18 de noviembre de 2024 y, como es de esperarse, el pueblo de Loja se prepara para celebrar las fiestas de independencia. Los repasos de los desfiles estudiantiles traspasan los patios de las escuelas y colegios para hacer sentir el sonoro batir de tambores que llaman al civismo, al amor por esta tierra del sur y a la identificación con la libertad como máximo logro de la civilización y el Derecho.

Las autoridades preparan actos conmemorativos, aunque con monotonía y sin ningún ribete de innovación, y la ciudadanía aspira a que la fiesta no sea solo de actos, palabras y ofrecimientos huecos, sino de obras trascendentales, constantes y sonantes, para atender las múltiples necesidades sociales insatisfechas desde hace mucho tiempo.

Una de ellas sigue siendo el ensanchamiento a cuatro carriles de la carretera Loja-Catamayo, cuya situación de precaria seguridad la ha convertido en una vía de terror y un cuello de botella que sigue frenando el desarrollo de nuestra provincia.

También lo es la construcción de un descongestionador de tránsito de la entrada de la ciudad, que sea dicho de paso, igualmente necesita con urgencia la edificación de una nueva terminal terrestre que esté acorde con el volumen de tránsito interparroquial, intercantonal e interprovincial de la urbe. Esto es tan cierto que llegar a Loja y transitar por su entrada principal resulta agobiante y peligroso, en medio de un aspecto de caos vehicular, propio de los pueblos atrasados y olvidados por sus autoridades.   

Tampoco es menos apremiante la necesidad de pavimentar varios barrios como El Rosal, Las Pitas II, San Cayetano Alto y San Cayetano Bajo, Cacefca, Isidro Ayora y San Vicente, los cuales, pasan duras penurias en el diario vivir como consecuencia del polvo, los huecos y el lodo.

En fin, las necesidades son muchísimas y la gestión de las autoridades locales y nacionales son casi inexistentes, lo cual no solo enardece el ánimo, sino que ahoga la esperanza. Ojalá que esto empiece a cambiar y las autoridades lojanas dejen su actitud de brazos caídos y gestionen con tenacidad, entusiasmo, decisión y responsabilidad los verdaderos intereses de los lojanos, históricamente postergados a la hora de distribuir los recursos estatales. Para ello, bien vale que sigan el ejemplo de las autoridades de otras ciudades (Cuenca, por ejemplo) que sí saben gestionar y hacer valer la voz a la hora de reclamar lo que les corresponde a sus circunscripciones.

Aunque resulta improbable que esto cambie en este año, cuáles necios quijotes anhelantes de progreso, nos queda abrigar la esperanza de que esta fiesta de libertad y rebeldía con causa, sean otra oportunidad para bregar colectivamente por lo que necesitamos. Si no lo logramos, al menos haremos sentir que Loja tiene la fuerza y la dignidad para expresar su protesta por la desatención de sus más prioritarias necesidades y su inconformidad con la gestión de sus autoridades locales y nacionales. Eso es lo que corresponde hacer con decoro para honrar el compromiso que tenemos con nuestra historia y con los patriotas del 18 de noviembre de 1820, quienes, una y otra vez, nos han enseñado que Loja ha salido y saldrá adelante, en la medida del accionar y compromiso de sus vecinos.