Los Derechos Humanos, legado vivo de la declaración universal

Campos Ortega Romero

campolin2010@hotmail.com

Cada 10 de diciembre se celebra el Día de los Derechos Humanos, fecha en la que se conmemora la aprobación de la Declaración Universal de los Derechos Humanos (DUDH) por parte de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en 1948. Este documento, catalogado por la propia ONU como histórico, proclama los derechos inalienables que corresponden a toda persona como ser humano, sin distinción de nacionalidad, lugar de residencia, sexo, origen nacional o étnico, religión, lengua o cualquier otra condición. La Declaración fue proclamada por la Asamblea General de las Naciones Unidas en París, el 10 de diciembre de 1948 y establece, por primera vez, los derechos humanos fundamentales que deben protegerse en el mundo entero. Como “una norma común de logros para todos los pueblos y todas las naciones”, la DUDH es un proyecto global para leyes y políticas internacionales, nacionales y locales y un pilar esencial de la Agenda 2030 para el desarrollo sostenible. “La Declaración Universal muestra el camino hacia valores y enfoques comunes que pueden ayudar a resolver las tensiones y crear la seguridad y la estabilidad que nuestro mundo anhela”. Señala, António Guterres, secretario general de las Naciones Unidas.

Los derechos fundamentales, son derechos que todas las personas tenemos básicamente por existir como seres humanos y que desde la Iglesia se da la importancia en la enseñanza y la práctica social católica a través de la encíclica: Pacem in terris, que enfatiza en los derechos y deberes que deben observar los seres humanos y los estados, en las relaciones entre sí y en las relaciones con otros seres humanos y otros estados, con la finalidad de conseguir la paz y el bien común.

El Papa Francisco enfatiza que: “para defender los derechos humanos fundamentales hace falta coraje y determinación; oponerse activamente a la pobreza, la desigualdad, a la falta de trabajo, de tierra, de vivienda, de derechos sociales y laborales”. Usted tiene la palabra señor Presidente del Ecuador, con medidas urgentes, para días mejores de nuestra Patria, en algunos lugares defender la dignidad de las personas puede significar ir a prisión, incluso sin juicio, o  puede significar la calumnia.

Nuestro país, entre esperanzas y desvelos, enfrenta una crisis económica que se cierne como sombra sobre los más vulnerables. La desigualdad, ese cáncer del progreso, exige una atención urgente, un compromiso para un desarrollo inclusivo y sostenible. Nuestro tejido social se ve amenazado por el crecimiento exponencial de la delincuencia, reclamando medidas eficaces y un canto colectivo por la justicia restaurativa y la solidaridad, que abrace a cada ciudadana y ciudadano en un ambiente de paz y reconciliación.

La violencia, con su fruto de movilidad forzada, demanda respuestas humanitarias, un abrazo protector para desplazados, ofreciéndoles oportunidades dignas, tanto para nacionales como para extranjeros. Los feminicidios, otro oscuro capítulo de esta tragedia que nos acosa. Unámonos en un grito unísono para extirpar la violencia de género y sembrar la semilla de la equidad y la igualdad.

Los derechos humanos engloban derechos y obligaciones inherentes a todos los seres humanos que nadie, ni el más poderoso de los Gobiernos, tiene autoridad para negarnos. No hacen distinción de sexo, nacionalidad, lugar de residencia, origen nacional o étnico, color, religión, lengua, edad, partido político o condición social, cultural o económica. Son universales, indivisibles e interdependientes.

En este día, que es un canto a la vida y al desarrollo humano integral y solidario, la seguridad alimentaria también se erige como otro derecho esencial y apremiante. Exijamos políticas que equilibren el acceso a alimentos nutritivos, a erradicar la desnutrición, unidos a ello, la crisis climática nos convoca a defender nuestra casa común y construir comunidades resilientes.  Para proteger: la vida, la libertad, la igualdad, la seguridad, la integridad, la dignidad, el medio ambiente, la paz, recordando que todos los seres humanos tenemos derecho a gozar de estos derechos sin importar el origen, sexo, la edad, la religión la posición económica o cualquier otra diferencia. Usted tiene la palabra señor presidente, Daniel Noboa. Así sea.