Quilanga, 12 de diciembre 2024
Reflexionar el sentido histórico y salvífico del misterio del Nacimiento de Jesús, es el propósito de la humanidad católica que, con el ejercicio de actos piadosos de religiosidad popular, festivos y acompañados de un compromiso de fe se recrean en la novena y fiesta de navidad en las familias, en las instituciones y en la iglesia para vivenciar los valores humanos y cristianos de paz, inocencia, alegría, fraternidad, unidad y un compartir generoso de la fe y la vida.
De acuerdo al calendario, el Nacimiento de Jesús marca el inicio del Nuevo Testamento y la continuidad del proyecto de Salvación, iniciado con el pueblo de Israel y proyectado a toda la humanidad. Inicia un nuevo proceso de búsqueda del Reino de Dios que se sostiene en la justicia, la paz, la inclusión y la dignificación de la vida. Todo esto era ya anunciado por los profetas.
De su lado, las Sagradas Escrituras cuentan que el Nacimiento de Jesús fue sucedió en el silencio de la noche, distante del bullicio y el confort, solo hubo en un establo que lo acogió junto a su Madre María, su padre putativo San José, y los animales el buey el asno que abrigaban la noche fría de peregrinación para cumplir con el censo dispuesto por el rey. La estrella guiaba a los reyes magos que lo adorarían, mientras que los ángeles cantaban “¡Gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad!
La historia seguiría su curso y en el camino los apóstoles, los doctores de la iglesia católica, los pastores y toda persona de buena voluntad continuaría la propagación de los misterios del credo católico, hasta que en el siglo trece el hermano menor Francisco de Asís, agobiado por sus dolores, en un diciembre de 1223 dispuso a sus hermanos rememorar la escena del nacimiento de Jesús en Belén, a fin, de experimentar el gozo del misterio del Dios niño humano y divino. Desde entonces viene la tradición de los pesebres que adornan el hogar, el espacio público y los templos.
En América el catolicismo se fortalece con un sano sincretismo que, luego de la radicalidad de una violenta conquista, reconoce los valores de las culturas existentes y abre un paso a la unidad y conciliación de las culturas, costumbres y de prácticas religiosas, así, Fray Fernando de Jesús Larrea, quiteño e insigne predicador en Ecuador y Colombia, empieza a rezar y difundir la novena, del 16 hasta el 24 de diciembre, rememorando los meses previos al nacimiento de Jesús y terminando con su llegada en el pesebre de Belén. En México, desde años atrás, ya existía la costumbre de las posadas de navidad, misma que se mantiene.
Hoy, en este 2024, corresponde revitalizar la fe con estas prácticas religiosas y espirituales, pues, en momentos de angustia y desesperanza por la violencia instaurada, vale la pone volver con una mirada de fe y de esperanza al niño Jesús y sus valores que lo ennoblecen: por su humildad asume la condición humana y desde el silencio y el abandono social retomar el proyecto de su Padre.
Celebrar estas fiestas con alegría, con paz, con justicia en medio de la familia, significa superar el peso de los sentimientos que agobian y corroen como la envidia, la indiferencia, el odio, el rumor falso y mezquino, el sectarismo que excluye. Es momento de curarnos interiormente y que la belleza interior sea reflejada en la vida.
