
La Cinchona officinalis, reconocida como la “Planta nacional de Ecuador”, mantiene una relevancia histórica, científica y medicinal incuestionable, sin embargo, enfrenta hoy un riesgo creciente de desaparecer. En la provincia de Loja, hay lugares que aún es protegida.
Historia
La Cinchona officinalis o más conocida como la cascarilla, su denominación formal data de 1753, a partir de un espécimen recolectado en las cercanías de la ciudad de Loja. Desde aquellos tiempos, comunidades indígenas aprovecharon sus propiedades para tratar la fiebre, gracias a la presencia de compuestos activos en su corteza.
Investigaciones desarrolladas por la Universidad Técnica Particular de Loja (UTPL) destacan el valor de la quinina, un alcaloide extraído de la cascarilla, ampliamente utilizado como tratamiento contra la Malaria. La explotación del recurso tuvo dos momentos históricos determinantes: durante los siglos XVI y XVII, en el contexto de la colonización, con exportaciones dirigidas principalmente a España; y en la Segunda Guerra Mundial, cuando la demanda internacional aumentó tras el aislamiento de plantaciones asiáticas, lo que impulsó envíos masivos hacia Estados Unidos.
Ambos periodos provocaron una drástica disminución de poblaciones naturales. En décadas recientes, la deforestación intensificó la presión sobre la especie. Como resultado, apenas subsisten remanentes fragmentados en el sur del país.
Un equipo liderado por Augusta Cueva, docente del Departamento de Ciencias Biológicas de la UTPL, analizó seis poblaciones en la provincia de Loja. El estudio identificó núcleos importantes en reservas privadas como Angashcola y Finca El Cristal, donde persiste la mayor concentración de ejemplares. La diversidad genética en Angashcola (Espíndola) supera en un 28% al resto de poblaciones evaluadas, lo que refuerza su importancia para estrategias de conservación.
Además, de las seis poblaciones estudiadas, tres están protegidas (que corresponden a las reservas privadas Angashcola, Finca El Cristal y El Madrigal). Sin embargo, para las poblaciones de Gonzanamá, Yangana y Vilcabamba, con árboles dispersos en zonas de pastizales, la situación es crítica y podrían extinguirse si no son intervenidas.
Medicina
En ese ámbito, el valor medicinal de la cascarilla radica en su composición química. El biólogo Efrén Azuero, explicó a Diario Crónica que la corteza contiene alcaloides como cinchonina, cinchonidina, quinidina y quinina, este último esencial en tratamientos contra enfermedades infecciosas. Además, aplicaciones tradicionales incluyen alivio del dolor, reducción de inflamación y combate de infecciones bacterianas y parasitarias. Su consumo más frecuente ocurre mediante infusiones elaboradas a partir de la corteza.
Desafortunadamente, durante 2020, en el contexto de la pandemia de la COVID-19, la difusión de información errónea atribuyó a la cascarilla propiedades curativas contra el virus. Esta creencia impulsó una extracción indiscriminada y comercialización intensiva, lo que agravó el estado de vulnerabilidad de la especie.(I).
