
El origen de la caminata de la Virgen del Cisne se remonta a 1595, cuando los primeros habitantes de El Cisne solicitaron al escultor Diego de Robles, destacado representante de la Escuela Quiteña, la elaboración de una réplica de la imagen de la Virgen del Quinche.
Tras concluir la obra, la efigie llegó a una humilde capilla construida con adobe y paja en la parroquia El Cisne, cantón Loja. La tradición relata que la comunidad ofreció veneración permanente a la Virgen como muestra de gratitud por el milagro que devolvió la fertilidad a tierras castigadas por la sequía. Según la historia, la Madre de Jesús apareció ante una pastorcita y pidió la construcción de un templo en aquel lugar.
Con el paso de los años, la devoción impulsó la edificación del actual santuario. Los Padres Oblatos dirigieron la construcción de la Basílica de estilo gótico ojival, obra iniciada en 1934 y concluida en 1978.
Como homenaje al milagro, la comunidad organizó celebraciones litúrgicas durante tres jornadas consecutivas. Aquella demostración religiosa captó la atención del libertador Simón Bolívar, quien en 1829 expidió un decreto para oficializar las festividades y establecer la visita anual de la sagrada imagen a la ciudad de Loja.
La primera peregrinación hacia la capital lojana tuvo lugar en 1830, hecho que dio inicio a una tradición centenaria mantenida hasta la actualidad.
Durante los primeros años, la imagen ingresaba a Loja por la antigua vía San Pedro de la Bendita–Trapichillo, continuaba por el antiguo camino hacia Catamayo, llegaba al sector del Pedestal y avanzaba por la calle 10 de Agosto hasta la Catedral. Posteriormente, la construcción de la nueva carretera modificó el trayecto, que actualmente comprende el recorrido El Cisne–San Pedro de la Bendita–Catamayo–Loja, ruta convertida en símbolo de fe y una de las peregrinaciones religiosas más multitudinarias del Ecuador.(I).
