Quilanga, 05 de agosto de 2026
A pocos meses de la jornada electoral, entramos de lleno en la fase de inscripciones. Tras haber superado —al menos en apariencia— el filtro de las primarias en cada cantón y organización política, el escenario real empieza a dibujarse entre negociaciones, reemplazos y acuerdos de última hora. El panorama definitivo se revelará al cierre de las inscripciones, cuando el CNE emita la lista oficial de candidaturas aptas para competir por las dignidades provinciales, cantonales, parroquiales y del Consejo de Participación Ciudadana.
Con las reglas fijadas y las cartas sobre la mesa, este proceso constituye una oportunidad idónea para el resurgimiento de ideas en nuevos actores, cuyas acciones deben orientarse a fortalecer el gobierno local como un espacio efectivo de autonomía, representación, valores cívicos y democracia territorial.
Lograr un verdadero estilo de liderazgo y gobernanza local en nuestras parroquias, cantones y provincia es una tarea titánica. El centro neurálgico del programa de trabajo de cada GAD debe ser su gente: la dignidad del agricultor, del ganadero, del emprendedor, del gestor cultural, del ama de casa y de las familias que sostienen la historia y la identidad de nuestra tierra.
El liderazgo auténtico no se mide por títulos ni por nombres; nace del sentido de pertenencia, de la cercanía con la gente, del honor, la lealtad y el valor sagrado de la palabra empeñada. Servir a un pueblo exige pasión, humildad, sinceridad y ética política.
El resurgir de cada territorio debe ir de la mano con la empatía y la coordinación fluida con el Gobierno Nacional, garante de políticas públicas para la equidad territorial y la justicia social. En este trabajo cooperativo y colaborativo, los únicos vencedores deben ser los ciudadanos.
Resurgir, por tanto, exige abrir la mente y el corazón de las organizaciones políticas hacia propuestas serias, ejecutables y evaluables. Es momento de desterrar la vieja práctica de hacer política sobre el árbol caído. Corresponde a los mandantes, con libertad y responsabilidad, decidir con su voto el rumbo definitivo de su territorio.
Resurge Quilanga en sus hombres y mujeres, en sus niños y niñas, en su juventud y en sus adultos; en sus migrantes y en los profesionales que hoy, como ayer, aguardan su turno para ser partícipes activos de un gobierno local que garantice plenamente su presente y su futuro.
