Cerdos muertos durante el transporte encienden alerta por faenamiento clandestino en Loja

Cerdos muertos durante el transporte encienden alerta en Loja.

Animales que mueren durante el viaje a los camales deberían ser decomisados y quedar fuera del consumo humano. Sin embargo, el faenamiento clandestino y la venta informal abren una peligrosa puerta a la contaminación y a enfermedades que pueden llegar directamente al plato de los lojanos. Instan a las autoridades ejecutar más controles.

Problemática

La presencia de cerdos muertos durante el transporte hacia los centros de faenamiento de la provincia de Loja genera preocupación entre profesionales veterinarios, debido al riesgo que representa el procesamiento clandestino de estos animales.

Fredy Cueva Castillo, médico veterinario, explicó a Diario Crónica que las muertes pueden producirse por diversas circunstancias relacionadas con el traslado, entre estas el hacinamiento, el incumplimiento del espacio requerido por animal, las condiciones de la superficie y las características de los vehículos utilizados. A ello se suma el estrés que experimentan los porcinos durante recorridos que pueden prolongarse hasta 6 horas.

“La situación adquiere mayor relevancia debido a que, conforme a la normativa sanitaria ecuatoriana, un animal que muere durante el transporte no puede ingresar al proceso de faenamiento destinado al consumo humano. Estos ejemplares deben ser decomisados por la autoridad competente y recibir una disposición que impida su aprovechamiento como alimento”, dijo.

Además, señaló que la regulación está sustentada en la Ley Orgánica de Sanidad Agropecuaria, bajo el control de la Agencia de Regulación y Control Fito y Zoosanitario (Agrocalidad), además de las disposiciones relacionadas con el funcionamiento de los mataderos y las ordenanzas municipales.

Peligro

El especialista aclaró que el problema no radica necesariamente en los establecimientos autorizados, sino en lo que ocurre fuera de sus instalaciones. “Los animales que mueren durante el trayecto no deberían ingresar a los camales; sin embargo, existirían casos en los que son procesados clandestinamente en viviendas particulares, sin inspección veterinaria ni garantías sobre las condiciones higiénicas”.

Esta práctica representa un riesgo para la población, debido a que la carne obtenida puede ser comercializada posteriormente de manera informal en ferias libres, exteriores de mercados o espacios de la vía pública, lugares donde las ordenanzas municipales restringen o prohíben el expendio de productos cárnicos.

“Norma existe. Regulaciones de control sanitario existen. Lo que falta es cumplimiento, vigilancia y control”, enfatizó Cueva Castillo al referirse a la necesidad de fortalecer las acciones destinadas a impedir estas prácticas.

“La provincia cuenta con establecimientos de faenamiento en distintos cantones. En la ciudad de Loja funciona el camal municipal y el camal frigorífico con sistemas de trazabilidad y control sanitario -Cafrilosa-, mientras que el centro de faenamiento de Malacatos también se encuentra sujeto a vigilancia institucional”, añadió.

De acuerdo con el veterinario, el desafío consiste en impedir que productos provenientes de procesos clandestinos lleguen posteriormente a los consumidores.

Ruta

Una parte importante de los porcinos destinados al consumo en Loja procede de la provincia de El Oro, una de las principales zonas proveedoras de estos animales para diferentes sectores del país.

El traslado hacia Loja puede tomar entre cinco y seis horas, dependiendo de las condiciones del vehículo y del recorrido. Durante ese periodo pueden registrarse lesiones, golpes, fracturas o incluso la muerte de ejemplares. Cuando esto ocurre, los animales deben ser retirados del circuito destinado a la alimentación humana y recibir una disposición sanitaria adecuada.

“La normativa contempla situaciones excepcionales para animales que llegan vivos, pero presentan lesiones ocasionadas durante el viaje. En esos casos puede autorizarse un faenamiento de emergencia, siempre que el ejemplar haya salido sano de la granja, permanezca con vida y sea ingresado a una planta regulada para su sacrificio bajo supervisión correspondiente”, puntualizó.

La diferencia es fundamental: un animal lesionado que permanece vivo puede ser sometido a un procedimiento de emergencia autorizado; un cerdo que murió durante el traslado no puede ser destinado al consumo.

Amenaza silenciosa

Fredy Cueva Castillo indicó que el riesgo sanitario aumenta cuando la carne no atraviesa los controles antemortem y postmortem establecidos para garantizar su inocuidad. Sin estas inspecciones, resulta imposible determinar de manera adecuada las condiciones del animal y del producto obtenido.

Advirtió sobre la posibilidad de contaminación por microorganismos asociados a enfermedades transmitidas por alimentos, entre estos: Salmonelosis, Escherichia coli, Campilobacteriosis, Escherichia coli, Campylobacter, Staphylococcus y Listeria. Estas bacterias pueden ocasionar infecciones y diferentes cuadros de enfermedad en quienes consumen productos contaminados.

El especialista también alertó que la cocción no constituye necesariamente una garantía absoluta para eliminar todos los peligros, debido a que determinadas toxinas pueden resistir temperaturas elevadas.

A esto se suma otro elemento indispensable: la cadena de frío. Una vez obtenida legalmente la carne, esta debe mantenerse refrigerada de forma continua, desde su salida del establecimiento autorizado, durante el transporte y hasta su almacenamiento y expendio. La conservación debe estar aproximadamente entre 0 y 4 grados centígrados, condición que ayuda a reducir la proliferación microbiana y preservar la calidad del producto.

Precio bajo

A las dificultades derivadas del transporte se suma la situación económica que, según Cueva Castillo, podría favorecer el sacrificio informal de porcinos.

“El precio pagado al productor por la carne de cerdo ha disminuido, mientras que el valor de venta en las tercenas no necesariamente ha experimentado una reducción equivalente. Ante este escenario, algunos pequeños criadores podrían optar por sacrificar sus animales en sus propios domicilios en lugar de trasladarlos a un establecimiento autorizado para obtener más ganancias”, puntualizó.

Sostuvo que existen mecanismos de vigilancia tanto en los centros de faenamiento como en las carreteras. No obstante, consideró necesario reforzar las acciones posteriores, especialmente para impedir que animales muertos durante el traslado sean procesados de manera clandestina y terminen en los mercados informales.(I).

Un chancho de engorde sale aproximadamente en 4 meses con un lechón de mes y medio.