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En la actualidad pocos medios de comunicación informan sobre los nuevos testimonios latinoamericanos, especialmente los relacionados con la pastoral indígena.
A mediados de agosto llegó la Pascua para Ernestina López Bac. Les compartimos algunos fragmentos de su testimonio en la pluma de Paola Calderón
“Falleció la hermana Ernestina López Bac, conocida como la “Abuela Tina”. Este 22 de agosto se celebraron sus exequias en la parroquia de San Martín Jilotepeque de Chimaltenango en Guatemala.
Ernestina López Bac nació el 7 de noviembre de 1947, en el seno del pueblo kaqchikel, su trayectoria marcó la articulación del diálogo entre la fe cristiana y las espiritualidades ancestrales. El pueblo kaqchikel es una comunidad históricamente afectada por el despojo colonial y la exclusión económica, la Abuela Tina fue entregada desde niña para su formación escolar al Instituto de Señoritas del Perpetuo Socorro de las Hermanas Betlemitas. En esta institución cultivó su inclinación por la música y la enseñanza, colaborando con Fray Augusto Rafael Ramírez Monasterio, el mártir guatemalteco.
Como religiosa betlemita, recorrió diversos países del continente y asumió responsabilidades pastorales en el departamento de El Quiché junto a monseñor Julio Cabrera Ovalle. Durante los años en que se recrudeció la represión militar en Guatemala, su vida estuvo atravesada por las tragedias del conflicto armado. «Al papá de Ernestina lo asesinaron vilmente y ella no pudo hacerse presente para su entierro. Esa fue una de las mayores penas que cargó toda su vida». Posteriormente, debido al prolongado cuidado de su madre enferma, debió tramitar la exoneración de sus votos y la posterior salida de la congregación.
La Abuela Tina reorientó su compromiso consagrado a los derechos humanos y la articulación con la teología india. La Conferencia del Episcopado Guatemalteco le confió para coordinar la Pastoral Indígena, en unidad con monseñor Juan Gerardi, asesinado en abril de 1998.
La labor de la abuela Tina superó las fronteras de Guatemala para aportar e incidir como mujer y académica en el Consejo Episcopal Latinoamericano y Caribeño (CELAM), el Consejo Latinoamericano de Iglesias (CLAI) y la Articulación Ecuménica Latinoamericana de Pastoral Indígena. Un camino para establecer alianzas de trabajo ecuménico e interreligioso junto a referentes de la Teología India y la Pastoral Indígena continental. Entre ellos podemos recordar a Samuel Ruiz García (“Tatic Samuel”), Clodomiro Siller y Eleazar López en México; Leonidas Proaño en Ecuador; además de destacados teólogos y líderes sociales de Bolivia, Perú, Brasil, Colombia, Paraguay, Argentina y Chile. Organizaciones entre las que aparecen los hermanos Lencas de El Salvador, las religiosas Lauritas en Colombia, el Centro Indigenista Misionero de Brasil, la Coordinadora Nacional de Pastoral Indígena en Paraguay, el Equipo Nacional de Pastoral Aborigen de Argentina y el Centro Nacional de Ayuda a las Misiones Indígenas de México.
Con su partida, destacaron su contribución porque su vida demostró que es posible construir juntos; es decir, entre indígenas y no indígenas, ese pueblo de Dios integrado por obispos, pastores y laicos católicos y protestantes, un mundo nuevo y más acorde con los anhelos de nuestros ancestros y ajustado al anuncio de la Buena noticia del Evangelio. Una vez escuché a la hermana Tina decir que lo importante era dar la vida gota a gota todos los días, sin importar las circunstancias. Esa es la enseñanza que no podemos apartar del corazón.”
