Antonio C. Maldonado V.
Como ha ocurrido anteriormente, según los analistas políticos y la geopolítica, los países de Sudamérica se habían mantenido en el rango de la llamada izquierda, relegando a un segundo plano a los países alineados a la llamada derecha. Pero este acontecimiento no cumple con el ideal del libertador Simón Bolívar, que era crear formalmente la Gran Colombia en 1819, durante el Congreso de Angostura, Venezuela, con los objetivos principales de lograr la unidad continental, formando una nación hispanoamericana fuerte y centralizada; la defensa mutua, resistiendo posibles reconquistas o amenazas del Imperio español; y la estabilidad política, creando un poder ejecutivo fuerte frente a los conflictos políticos, económicos y culturales.
En definitiva, posteriormente se intentó alcanzar dicho objetivo, algo similar a los Estados Unidos de Norteamérica, donde cada estado de la Unión conserva su autonomía, a excepción de aquellos aspectos que deben ser resueltos desde Washington D. C., como distrito federal de estatus híbrido. Este resuelve competencias que combinan las funciones de una ciudad, un condado y un estado; de forma autónoma gestiona el día a día municipal, como educación, seguridad y servicios urbanos, y legisla en materia estatal sobre impuestos locales y leyes civiles. Sin embargo, su capacidad de resolución encuentra un límite absoluto en la intervención federal, ya que el Congreso de los Estados Unidos retiene el derecho a vetar sus leyes y presupuestos, mientras que el gobierno federal controla el nombramiento de sus jueces y la fiscalía de delitos graves. El fiscal general de los Estados Unidos es nominado por el Presidente y confirmado por el Senado, mientras que en Ecuador es el Consejo de Participación Ciudadana y Control Social quien “selecciona y designa” al Fiscal General del Estado a través de un concurso de méritos y oposición.
Los países sudamericanos comenzaron un marcado giro hacia gobiernos de derecha y centroderecha a partir de 2013-2015, tras el descenso en los precios de las materias primas, que debilitó a los gobiernos progresistas de izquierda. Este cambio comenzó a reflejarse con la victoria de Mauricio Macri en Argentina, en 2015, y Sebastián Piñera en Chile, en 2018.
En la actualidad, siete países sudamericanos son los que tienen esta tendencia política: Colombia, con Abelardo de la Espriella; Bolivia, con Rodrigo Paz; Paraguay, con Santiago Peña; Argentina, con Javier Milei; Chile, con José Kast; Perú, con Keiko Fujimori; y Ecuador, con Daniel Noboa. Estos gobiernos enfrentan desafíos importantes, como frenar el crimen organizado, que continúa y está muy lejos de terminarse, sin erosionar la democracia; realizar reformas económicas sin aumentar el malestar social; gobernar sin debilitar las instituciones estatales; no depender de las decisiones estadounidenses; y convertir la afinidad política en una verdadera integración.
Mientras esto sucede, se requiere urgentemente preocuparnos por obtener medicinas para el ciudadano enfermo, ya que a nadie le interesa a quién se le compra, excepto al Ejecutivo, sino lo que quieren es poder encontrarlas a un precio justo.
