Fernando Oñate
En la primera entrega de esta serie tratamos la fata de comunicación como una de las amenazas más significativas para un matrimonio joven ya que dificulta enormemente la empatía y la resolución sana de conflictos. Hoy vamos a referirnos al individualismo.
El individualismo es la resistencia a abandonar la mentalidad de soltero, lo que convierte a la pareja en dos personas que comparten techo y gastos, pero no un proyecto de vida unido. Se manifiesta de forma concreta cuando uno o ambos cónyuges toman decisiones importantes buscando únicamente su beneficio personal sin considerar el impacto que esto tiene en su compañero. Al negarse a construir un «nosotros» y mantener una frontera rígida de «lo mío» y «lo tuyo», el individualismo sabotea el trabajo en equipo, aislando emocionalmente a los esposos y creando la dolorosa sensación de estar completamente solos a pesar de estar casados.
El apóstol Pablo en su carta a los habitantes de Filipos enseña: “Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo; no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros” (Filipenses 2:3-4), y es que un matrimonio saludable es aquel en el que no se imponen los deseos del uno al otro, ni se lleva cuenta de quién hace más por la relación, sino que las necesidades y los sentimientos del cónyuge se tratan como si fueran más urgentes e importantes que los propios, tomando la decisión diaria y consciente de servirle y facilitarle la vida en lugar de enfocarse únicamente en lo que se quiere o se cree merecer. Es necesario “ayudarse a llevar los unos las cargas de los otros, y obedezcan de esa manera la ley de Cristo” (Gálatas 6:2 NTV). Solo así el individualismo puede ser desterrado del matrimonio.
Eclesiastés nos advierte que «mejores son dos que uno… Porque si cayeren, el uno levantará a su compañero; pero ¡ay del solo! que cuando cayere, no habrá segundo que lo levante.» (Eclesiastés 4:9-10). No olvidemos que el matrimonio es un equipo de rescate mutuo en los momentos inevitables de crisis, donde un cónyuge está allí para sostener al otro y asumir el peso que temporalmente ya no puede cargar. Nos advierte además, que una actitud individualista dentro de la relación, dejará desprotegido al cónyuge egoísta cuando más necesite ayuda.
Compartir las cargas hace que la recuperación sea rápida, en tanto que luchar en solitario garantiza el fracaso ante la adversidad. Dé un golpe de timón, aún está a tiempo.
