Chuquiribamba celebra seis años de tradición con su Festival del Poncho y la Alforja

A man wearing a wide-brimmed hat, holding two colorful textiles, one orange and one patterned, standing in front of a microphone and a backdrop.
En diálogo con Diario Crónica, Bolívar Loarte, organizador del Festival.

La sexta edición del Festival del Poncho y la Alforja, que rendirá homenaje a Luis Bautista, reunirá el 22 de noviembre a artesanos, moradores y visitantes en una jornada que busca preservar los oficios ancestrales. En la parroquia quedan apenas dos personas que dominan la elaboración del tradicional poncho de lana.

Evento

El tiempo juega en contra de una tradición que durante generaciones vistió a los habitantes de Chuquiribamba, cantón Loja. El poncho de lana y la alforja, símbolos de identidad de esta parroquia lojana, enfrentan el riesgo de desaparecer ante la migración de los jóvenes, el envejecimiento de los agricultores y la reducción del número de artesanos que conservan las técnicas para elaborar estas piezas.

Frente a esta realidad, el Festival del Poncho y la Alforja llegará a su sexta edición el domingo 22 de noviembre de 2026. La jornada llevará el nombre de Luis Bautista y buscará convertir la celebración en un llamado a proteger los conocimientos transmitidos entre generaciones.

Bolívar Loarte, organizador del encuentro, en diálogo con Diario Crónica recordó que la iniciativa nació como una idea destinada a dinamizar la actividad de la parroquia. Con el paso de los años, el evento amplió su convocatoria y actualmente atrae a habitantes de distintos sectores de Loja y visitantes de otras provincias del país.

“El objetivo va más allá de una jornada festiva. La propuesta pretende generar movimiento comercial, promover el intercambio de productos y, principalmente, mantener vivas las costumbres de Chuquiribamba”, dijo.

La confección de un poncho de lana exige materia prima, tiempo y conocimientos especializados. La crianza de borregos constituye el primer eslabón de una cadena artesanal que también incluye el procesamiento de la lana y el trabajo en telar.

La migración ha reducido la participación de las nuevas generaciones en estas actividades. Muchos jóvenes abandonan la parroquia para estudiar o buscar empleo en otras ciudades y países, mientras los agricultores envejecen y cada vez menos personas continúan dedicadas a la crianza de animales y a la producción artesanal.

“En Chuquiribamba apenas dos personas conservan actualmente los conocimientos relacionados con este oficio. En la vecina parroquia de Gualel todavía permanecen entre cuatro y cinco artesanos”, añadió.

El valor de un poncho artesanal puede oscilar entre USD 300 y USD 400. Sin embargo, para las familias que los conservan, la prenda representa mucho más que un producto comercial: constituye una pieza de memoria e identidad que puede convertirse en una reliquia.

Por otro lado, la alforja, antiguamente utilizada para transportar alimentos y objetos durante las labores del campo, también forma parte del patrimonio cultural que el festival intenta recuperar.

Las piezas tradicionales de Chuquiribamba incorporan lana como materia prima. Aunque actualmente su uso cotidiano resulta menos frecuente, permanece como un símbolo de las costumbres de antaño. El contraste con Saraguro evidencia el valor cultural que todavía conserva esta pieza. En esa zona, la alforja continúa formando parte de la vestimenta y acompaña a sus habitantes en actividades religiosas y comunitarias.

“Recuperar esta tradición implica impedir que un elemento de la vida rural termine únicamente como objeto de museo”, refirió.

Jóvenes

En ese ámbito, la transmisión del conocimiento hacia niños y jóvenes constituye uno de los principales desafíos. Loarte considera necesario que las instituciones públicas impulsen procesos permanentes de capacitación para evitar que los saberes artesanales desaparezcan junto con sus últimos portadores.

El festival plantea precisamente una puerta de entrada para las nuevas generaciones, por ello, entre las actividades consta el concurso de la hilada, dirigido especialmente a jóvenes de 15 a 25 años, quienes podrán participar mediante técnicas tradicionales vinculadas con el hilado de la lana.

Los participantes recibirán incentivos como semillas y árboles frutales. También habrá un premio de USD 100 para quien presente una herramienta tradicional y participe en una demostración relacionada con la construcción de una vivienda de tapia.

La programación que iniciará a las 11h00 con la eucaristía incorporará danzas, bandas de pueblo, concursos, gastronomía tradicional, el aguado de leche y la presentación de la Banda de la Policía Nacional. El cierre estará marcado por un baile de confraternidad.

Fiesta

La celebración complementará las festividades de la Virgen del Cisne, cuya jornada principal en Chuquiribamba tendrá lugar el 20 de noviembre. Dos días después, la comunidad volverá a concentrar sus actividades alrededor de la cultura y las tradiciones. En este acto, los visitantes podrán disfrutar de las escaramuzas.

El organizador invitó a la ciudadanía a recorrer Chuquiribamba y degustar preparaciones tradicionales como el cuy asado y las tortillitas, además de otros platos propios de la gastronomía local.(I).

A la parroquia Chuquiribamba hay buses desde las 05h00 hasta las 19h00. El valor del pasaje es de USD 2.50.

En la parroquia hay un poncho que tiene 150 años.