Excusas, ¿para qué?

Fernando Oñate-Valdivieso

Cuentan que cierto día un rey paseaba por el campo y junto a él observó a un grupo de prisioneros que trabajaban encadenados junto al camino. Con curiosidad se acercó a ellos y les preguntó el motivo por el que se encontraba en tan triste situación. Un juez que fue sobornado me condenó injustamente, respondió el primero; el testimonio de varios testigos falsos me tiene aquí, respondió el siguiente; un mal amigo me traicionó y me inculpó en algo que nunca hice, fue lo que aseveró un tercero. Finalmente, el rey observó a un hombre que había estado callado, al insistir en la pregunta, este respondió: estoy aquí porque lo merezco, necesitaba dinero y lo robé. Al escucharlo el rey quedó anonadado y dijo al guardián de los prisioneros: Todos estos hombres son inocentes y están aquí injustamente, solo este hombre malvado se encuentra entre todos ellos, libérelo inmediatamente, no vaya a ser que contagie a los demás.

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