Todo hacer necesita un saber simbiótico
Galo Guerrero-Jiménez
Para actuar responsablemente con la mejor formación que el progreso del saber científico, humanístico y hoy, tecnologizado virtualmente, nos mantenga a flote necesitamos amparamos en el lenguaje racional, emocional y espiritualmente filosofado y actuando ecológica y simbióticamente, es decir, entrelazando funciones de cooperación comunitaria con la naturaleza. Al respecto, un actuar sin un saber adecuado no nos permite darnos cuenta de que, como señala Santiago Beruete (2026): “Todas las formas de vida están emparentadas genéticamente y entramadas simbióticamente, y sostienen un incesante diálogo las unas con las otras del que nunca podemos decir que sabemos suficiente”, mientras no nos empoderemos de ese saber continuo, enriquecedor, dialogante, interrogativo, abierto, reflexivo y desde todas las posturas científicas, literarias, filosóficas, teológicas, según sean los intereses de los ciudadanos que caminan por la vida ahítos se saber, unos; otros, en cambio, sin son ni ton para educarse, por ejemplo, desde la educación formal y, en especial, desde nuestra formación personal, permanente y autodidacta a través del diálogo con la naturaleza, los libros y los artículos científicos y ensayísticos que nos posibilitan un acercamiento humanitario que desde “un proceso real y actual de lectura y escritura tanto de la palabra como de la realidad como deseo-interés-necesidad de una alfabetización que otorga valor a la palabra en torno a la facultad de nombrar y transformar las condiciones ideológicas, sociales y políticas, y a su simultánea recreación” (Freire y Faundez, 2013).
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