Diego Lara León
Muchos de ustedes habrán oído aquella frase que dice “hay que cobrar no por lo que uno hace, sino por lo que uno sabe”, o la otra famosa frase: “yo cobro 1 dólar por apretar un tornillo, pero 999 dólares por saber que tornillo apretar”.
Bueno, realmente eso si sucedió y el autor de esa anécdota fue el famoso ingeniero alemán Charles Steinmetz (1865-1923), un genio de la ingeniería eléctrica, que fue contemporáneo y gran amigo, nada más y nada menos que del famoso físico, Albert Einstein.
Steinmetz, por coincidencia se cruzó alguna vez con otro famoso y genio, Henry Ford.
En la planta de Ford en River Rouge (USA) había un problema técnico con un generador muy grande y los ingenieros eléctricos de la planta, luego de intentar dar con el problema por varias semanas, se rindieron. Obviamente aquel generador era fundamental para el proceso productivo de la gran industria Ford.
El propio Ford fue quien ubicó y convenció a Steinmetz para que acepte el reto de arreglar aquella gigantesca máquina.
Steinmetz quien era muy pequeño de estatura y tenía una deformidad en su columna vertebral, aceptó el reto y llegó a la fábrica, lo primero que hizo fue rechazar cualquier tipo de ayuda y exigió una libreta, un bolígrafo y un colchón, pues dormiría en ese lugar hasta encontrar el problema y la solución.
Pasó varios días con sus noches, escuchando el ruido extraño que hacía el defectuoso generador, mientras realizaba innumerables cálculos extraños y complicados.
Luego, bruscamente, les exigió que le trajeran una escalera, una cinta métrica y una tiza para pizarra.
Haciendo un esfuerzo considerable (dada su discapacidad), subió por la escalera, hasta llegar a la parte superior del enorme generador.
Luego, usando la cinta métrica, calculó un punto preciso en la superficie de la máquina, e hizo una marca con la tiza. Acto seguido bajó la escalera y les dijo a los ingenieros escépticos que lo rodeaban que tendrían que quitar la placa lateral, desmontar la bobina del generador y quitarle 16 vueltas de cable, ni una más, ni una menos, comenzando desde el lugar exacto donde había hecho su marca de tiza.
Cuando se hicieron las correcciones, ante el asombro de los ingenieros, el generador volvió a funcionar perfectamente.
Posteriormente, Henry Ford recibió una factura de diez mil dólares, firmada por Steinmetz de General Electric.
El célebre empresario estadounidense se la devolvió, reconociendo el excelente trabajo realizado por el genial ingeniero de origen europeo, pero respetuosamente le pidió una factura más detallada (diez mil dólares era una suma astronómica en aquella época, estamos hablando de las primeras décadas del siglo 20).
Steinmetz accedió a la solicitud, devolviendo la factura, a la que agregó el siguiente detalle: “Marca de tiza en el generador defectuoso $1, saber dónde poner la marca de la tiza $ 9,999. Total a pagar: $10,000”
La cuenta fue pagada en silencio, sin protestas y sin ninguna otra observación.
La anécdota aparece en una carta de Jack B. Scott al editor de la revista «Life», publicada el 14 de mayo de 1965. Su padre, Burt Scott, había sido empleado de Henry Ford durante muchos años.
En esa época como ahora, la especialización es fundamental para el desarrollo de una sociedad, la todología es nociva en cualquier tiempo o espacio.
Si son especialistas recuerden cobrar por lo que saben, siempre y cuando lo que sepan solucione algo. Si son quienes contratan al experto, paguen lo que cuesta su conocimiento, siempre y cuando haya los resultados esperados.
@dflara
