Heme Señor, ante tu cruz rendido
de rodillas y baja la cabeza,
para pedir perdón por la fiereza,
con la que día y noche te he ofendido.
No he hecho nada para merecerte
culpable soy de escarnios y salivas,
que te echaron, doquier judíos y escribas,
en el supremo instante de tu muerte.
Empero a tu bondad buen Dios apelo
para mi alma confusa, anonadada,
revestida de horror y oscuro velo.
Bien sé que solo en ti yo me sostengo
que si me faltas Tú no, tengo nada,
pero contigo ¡Oh! Dios todo lo tengo.
Acf
