Guillermo A Chuncho V.
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La educación superior con su historia, forjada su expansión y calidad, en varios casos, a través de luchas estudiantiles, de docentes y comunidades, es indispensable para al desarrollo económico, político, cultural de los pueblos. Los centros encargados de su aplicación, son las Universidades, Escuelas Politécnicas y otros institutos, que enmarcados en sus visiones y misiones, definen sus rumbos específicos para la docencia, investigación científica y vínculo con la comunidad. En estos centros de universitarios y politécnicos, la formación profesional con miras a contribuir al desarrollo económico-políticos y cultural tiene que orientarse en hitos o principio filosóficos e ideológicos productos de los debates de manera que exista la interconexión de corrientes opuestas, que posibiliten evolutivamente el pensamiento crítico o sea la capacidad para analizar y evaluar la información existente. Así formados los profesionales serán personajes activos y críticos y no meros instrumentos del poder económico manipulador, que no le interesa, más que ampliar y consolidar sus beneficios.
Con las concepciones u orientaciones claras serán firmes los pilares fundamentales de la educación superior: la docencia, investigación científica y la interacción con las comunidades, que a la vez permitirán satisfacer sus demandas. En particular, dentro de estas demandas están las aspiraciones de ingreso de los bachilleres a las universidades públicas y escuelas politécnicas, que se incrementan cada año. Entendidas estas aspiraciones, conforme lo establece la Conferencia Mundial sobre la Educación Superior (París, 1998), “… que la educación es uno de los pilares fundamentales de los derechos humanos, la democracia, el desarrollo sostenible y la paz, por lo que deberá ser accesible para todos a lo largo de toda la vida…”, principios o concepciones vigentes en la actualidad.
A más de las concepciones bien definidas, los centros de educación superior cumplirán en mejor forma sus misiones si se incrementa el número de docentes especializados con maestría y doctorados; al ampliarse la infraestructura física, tecnológica en varios áreas, por ejemplo la inteligencia artificial; actualización permanente de bibliotecas y centros de experimentales. Con los talentos humanos y ambientes adecuados, será posible desarrollar significativamente la investigación científica y técnica. Están condiciones también permitirán el ingreso de mayor número de bachilleres y, si los casos ameritan, otorgarles becas para sostener sus estudios.
Lo anterior es posible, si los presupuestos de la universidades y escuelas politécnica, a más de sus autogestiones, se incrementen cada año. Reducirlos, es atentar a los procesos de gestión de la educación superior. Lamentablemente se asevera que se reducen, por ejemplo, la Secretaria de Educación Superior, Ciencia, Tecnología e Innovación, Senescyt, al comparecer, el 1 de marzo de 2024, ante la Comisión de Régimen Económico de la Asamblea se publica que “con absoluta claridad, la Senescyt manifestó que en el 2023 la asignación fue de USD 1322 millones y en 2024 de USD 1319 millones, identificándose una variación de USD 2.8 millones”. También en la sesión 915 del Pleno de la Asamblea Nacional, realizada el 21 de marzo de este año, al analizar el Presupuesto General del Estado, PGE, algunos asambleístas, se pronunciaron sobre las asignaciones presupuestarias a las universidades, con criterios como: “se ha reducido el presupuesto de las universidades, debe fortalecerse”; “se está dejando una brecha a las universidades, con presupuestos irrisorios…”; y, “… es un caos, se da un recorte increíble…”. Con las observaciones correspondientes, el PGE, fue remitido nuevamente al ejecutivo
Los gobiernos no entienden la valía indispensable de la educación superior y es lamentable la indiferencia o conformismo de algunos directivos de los centros de educación superior, así como de la juventud universitaria. La juventud otrora rebelde, ahora pasiva frente a las tragedias sociales: pobreza, extrema pobreza, menos acceso a las universidades y a otros niveles de educación; inseguridad; y, poca atención a la salud. Esto recuerda a la frase de Juan Montalvo: “desgraciado del pueblo donde los jóvenes son humildes ante el tirano, donde los estudiantes no hacen temblar al mundo”. Se agrega, la posible pretensión, al reducir los presupuestos de las universidades, mantener al pueblo al margen del conocimiento de la realidad ecuatoriana y sea de fácil manipulación, con lo que se cumpliría lo que algún momento Simón Bolívar manifestó: “Un pueblo ignorante es un instrumento ciego de su propia destrucción”.
