Se lo debemos

José Antonio Mora

En los tiempos de más profunda oscuridad, donde la desesperanza invadía nuestros corazones, nos encontrábamos encerrados no solo en nuestras casas, sino también en nuestras mentes. Fue entonces cuando la cultura, ese recurso tantas veces infravalorado, irrumpió para iluminarnos. Nos brindó imágenes, actividades lúdicas, momentos de sana dispersión; melodías que nos motivaban a seguir día a día; sinfonías que calmaban nuestras angustias; colores y pinceladas, videos y películas. Con una amalgama de creatividad, entró el arte a sanar nuestras vidas. Así, lo que asumíamos como dado o merecido se esfumó de forma indefinida, mostrando la enorme fragilidad del ser humano.

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