Por Ruy Fernando Hidalgo Montaño
La solidaridad es un sentimiento que, se incrementa en estas fechas muy próximas a la navidad, nace en el corazón de los que tienen alma noble y pura, de los que están dispuestos a dar su contingente ya sea material o espiritual en favor de una causa que tenga como finalidad el bienestar común.
La mejor prueba de solidaridad que conozco es Jesús, entregando su vida por salvar a la humanidad de sus pecados, aun sabiendo de antemano que para ello tendría que morir de una forma horrible aceptó tomar forma de humano y caminar como uno más en esta tierra por 33 años, pudiendo nacer en cuna de oro prefirió la humildad de un pesebre rodeado de animales, arrullado por una doncella y protegido por un carpintero de la comunidad de Nazaret el imperio romano desató una terrible persecución contra él, y su familia para acabar con lo que ellos consideraban una amenaza, pese a eso, el verbo se hizo carne bajo al mundo y habitó entre nosotros, como decía 33 años de forma presencial y ahora como energía divina que lo transforma y renueva todo
Confundámonos en un abrazo fraterno y solidario que abarque todos nuestros sueños y esperanzas porque este mundo deseche el egoísmo de pensar solo en función individualista seamos capaces de ver al prójimo como hermanos sin calcular cuánto provecho, o ventaja podemos sacar de él, aprendamos que la única manera de recibir es darse a los demás como nos gustaría que hagan con nosotros eso es la esencia de la solidaridad. Ser solidario también es cumplir con los deberes encomendados a nosotros de forma honesta, sin sacar tajada de nada ni de nadie. Ahora que la virtud de la honestidad escasea en todos los estamentos de una sociedad descompuesta como la actual, tratemos de convertirnos en ese faro guía que ilumine con la fuerza del ejemplo a las nuevas generaciones que nos siguen, y hasta este momento solo han visto hechos deplorables
Nuestro país se debate en la peor crisis moral de su historia, todos los poderes del estado, apestan a carroña de donde salen ratas a granel, ocurre justamente por la falta de solidaridad de los dignatarios corruptos para con el desposeído que tiene que laborar de sol a sol para llevar dignamente un bocado de comida a sus familias, mientras los pillos de saco y corbata pactan con los narcos, son cómplices de asesinatos de gente inocente, que cae abatida solo por estar en el sitio y el momento equivocado.
Pero en medio de tanta asquerosidad emerge la figura esperanzadora de una mujer de piel de ébano que nos demuestra que la fe y solidaridad aún no mueren, que quedan personas que no se compran ni se venden, que nos hacen pensar que no todo está perdido, que siguen tocando la flauta, como el personaje del cuento para llevar a las ratas a las cloacas de donde no debieron salir, esa mujer es Diana Salazar, seamos solidarios con ella.
