Año nuevo vida nueva

luis_pineda47@yahoo.es

Durante estos días, es tradicional escuchar el saludo FELIZ AÑO. ¿Qué significado tiene esta costumbre? Para responder a esta pregunta es necesario tener presente que el año nuevo tiene fechas y concepciones de acuerdo a cada cultura. Veamos unos ejemplos:

De acuerdo al calendario gregoriano, que es el sistema de calendario más utilizado, el año nuevo se inicia el 01 de enero; lo mismo ocurre con el calendario juliano original. Con el calendario romano, la situación es similar, pero, después del 153 a.C. El año nuevo chino comienza el primer día del primer mes lunar y termina el día 15; el año 4721, comenzó el 22 de enero de 2023; y, su cómputo parte desde el año 2697 a. C. El año nuevo musulmán, es el primer día del Muharram o primer mes del calendario islámico; es 11 o 12 días más corto que el año solar; el año 1443, corresponde al 15 de diciembre de 2022. En la cultura maya, el año nuevo se inicia el 26 de julio; hay dos fechas posibles del año maya actual: el 11 o el 13 de agosto del 3114 a. C.

Más allá de las fechas, es importante reflexionar sobre el significado del año nuevo. Vamos a utilizar varios comentarios del brasileño Frei Betto:

“¿Por qué desear Feliz Año Nuevo si hay tanta insatisfacción a nuestro alrededor? ¿Será feliz el próximo año para los afganos e iraquíes, y para los soldados usamericanos a las órdenes de un presidente que califica de ‘justas’ las guerras genocidas de ocupación? ¿Serán felices los niños africanos reducidos a esqueletos de ojos perplejos por la tortura del hambre? ¿Seremos todos felices conscientes de los fracasos de las conferencias ambientales que salvan la lucratividad y comprometen la sostenibilidad?

Para ti y para mí un feliz año nuevo. No un mero cambio numérico del calendario, de quien mantiene su cuerpo inerte, apresado en las raíces de la insensatez. Ni la sucesión de días que se repiten en el giro cíclico de los antiguos griegos, desprovistos de sentido histórico. Ni la multiplicación de las arrugas que se acumulan en nuestros corazones, oxidadas por la cobardía y la nostalgia de no ser lo que se es.

La felicidad, el bien más ambicionado, no figura en las ofertas del mercado. No se la puede comprar, hay que conquistarla. La publicidad se empeña en convencernos de que ella es el resultado de la suma de placeres. Estimulado por la propaganda, nuestro deseo se encamina hacia los objetos de consumo. Vestir de esta marca, poseer aquel coche, vivir en este chalet de lujo -dice la publicidad- nos hará felices.

Hago votos por un año nuevo capaz de reencender en nosotros energías generosas, conciencia crítica, solidaridad discreta, afectos adormecidos, y la irrefrenable vitalidad de quien reinventa el amor cada día.

Quiero, para ti y para mí, un año nuevo en que el compartir el pan instaure la paz y en el que toda pasión aflore en amor duradero. Un año en el que el tiempo se desanude como un tejido fino y transparente, llevándonos por la ruta de lo transcendente. Año de silente contemplación del milagro de la Creación y cuidadosa protección de la madre naturaleza.

Sea nuevo, para ti y para mí, el año entrante, no por reiniciar la sucesión de meses, semanas y días, sino por revitalizar nuestros buenos propósitos, librarnos de la apatía ante los desafíos demandados por la utopía y arrancar de nuestra alma toda hierba maligna sembrada por ambiciones desmedidas.”