César Augusto Correa
El abogado que acepte el cargo de juez de la Corte Nacional de Justicia coloca en riesgo muy alto su vida, su libertad, su patrimonio, su honor y la tranquilidad de su familia.
La calamidad en la que ha caído la función jurisdiccional es tal que para un profesional honorable y prestigioso resulta demencial buscar y recibir el nombramiento de juez de la Corte Nacional, porque las posibilidades de que le destrocen su honor y su vida son casi del ciento por ciento. Lo que está pasando en estos días es por demás pernicioso y debe recibir el rechazo indignado de la gente de Derecho.
Julio César Trujillo y su Consejo de Participación Ciudadana y Control Social Transitorio introdujeron procedimientos perversos para la selección de los jueces, pues su objetivo era el de poner en las más altas funciones de control a personajes capaces de obedecer ciegamente las consignas de los dueños del circo, cuya única obsesión era la de borrar de la tierra todo vestigio de socialismo.
Trujillo quería incondicionales y se dedicó a buscarlos acuciosamente, con los resultados que hoy el país está padeciendo. Los incondicionales han cometido numerosas irregularidades por las cuales pueden ser sancionados con la destitución y la cárcel. Ahora están empeñados en cuidarse las espaldas y a las vacantes existentes, quieren llenarlas con otros incondicionales. Para ello necesitaban sacar al presidente del Consejo de la Judicatura. Ya lo hicieron renunciar y lo tienen en la cárcel.
¿En medio de este torbellino, es prudente pretender un cargo de juez en la Corte Nacional de Justicia? Pues no, de ninguna manera. El daño que nos han hecho Moreno, Trujillo, Lasso es casi irreparable. ¿Cómo devolverle confiabilidad, solvencia, seriedad a la Corte Nacional de Justicia? Por lo pronto eso es algo que no se puede alcanzar, porque no existen condiciones para llevar adelante un concurso de merecimientos correcto. Los que tienen la sartén por el mango son individuos descalificados.
Una Asamblea Constituyente progresista es la única que podría poner orden en los organismos de control. (I)
