Por: Lcdo. Augusto Costa Zabaleta
Recibe con gratitud, devuelve con amor, no esperes.
Quizá cueste aceptarlo, pero hay quienes le tienen miedo a agradecer; esta negativa es más frecuente de lo que pudiéramos pensar; en efecto hay una corriente que combate la gratitud y que invita a aislarla en el rincón exclusivo de la cortesía y de los modales; la gente agradecida es la que tiene mejor concepto de todos, será porque siempre el favor multiplicándose en sus vidas y se puede alimentar infinitamente con el agradecimiento.
Sin embargo, están los que piensan que hacerlo nos disminuye, que es conformismo, que dar gracias por lo que tenemos es aceptar las enormes injusticias que nos rodean, alegan que nos somete y que nos hacen dependientes; son demasiados quienes piensan que sembrar el agradecimiento es una trampa que los poderosos han sembrado en nuestra mente para que estemos conformes con lo poco que tenemos.
Esta perspectiva se introduce sutilmente entre los enemigos de la libertad económica, viene cargada con el fraude de que el libre mercado es un sistema de suma cero, en donde solo pueden ganar si el resto pierde; los que enarbolan esta idea te harán creer que agradecer es una esclavitud voluntaria; conciben como una afrenta social la prosperidad de los demás, no la de ellos, e insiste en que es una treta que nos enseñaron para no exigir; esta visión absurda impide crecer, promulga que la realidad es destruir, cuando es justamente lo contrario.
Agradezco precisamente porque quiero una educación eficiente para las nuevas generaciones, pero también para los maestros, que muchas veces con sacrificios enormes lo mantienen en pie; negar la gratitud es una justificación de nuestro atraso relativo; esto mismo aplica a aspectos más íntimos como las relaciones familiares o de pareja, las organizaciones y las comunidades; lo digo con pulsante claridad: el agradecimiento no es sumisión, es gratitud del alma, tampoco un crédito a la desigualdad es una opción individual de cómo asumir la vida; no nos hacen más débil, nos hace más poderosos al permitirnos reconocer el esfuerzo de muchos; es una forma de dar, teje lazos afectivos perdurables entre nosotros y abre las oportunidades de expresar nuestra gratitud, nuestro agradecimiento fraterno por un bien recibido.
Una de las frases más adecuadas para decirlo: “La gratitud es una emoción; la gratitud, una acusación de que hemos sido beneficiados con solidaridad coma aprecio y cariño”; encontrar un tesoro es encontrar una persona agradecida; no se verá jamás a un malagradecido feliz, la gratitud es un requisito para la felicidad; ser agradecido se aprende, se practica y se convierte en hábito.
Los sentimientos de gratitud hacia los que se han ido permiten un tránsito más apacible por su ausencia, aunque siga igual de dolorosa; sí aún no lo has hecho, este es buen camino al perdón; si solo sabes dar, debes también aprender a recibir y a tener disposición para la solidaridad y la consecuencia fraterna del humanismo.
Lcdo. Augusto Costa Zabaleta
Ced. # 1100310455
