César Augusto Correa
El 15 de agosto de 1972, el Ecuador comenzó a exportar el petróleo del Oriente y desde entonces sus habitantes comenzamos a experimentar que nuestra calidad de vida mejoraba. Para unos aceleradamente y para la gran mayoría en pequeñas dosis, injustamente, pero a finales del siglo XX todos vivíamos mejor que en los años 60. Para muchos sus ingresos económicos nunca les proporcionaron la posibilidad de ahorrar, sin embargo, la construcción de obras públicas y la modernización de los servicios les permitió disfrutar de la vida más que antes.
La explotación petrolera permitió extender los servicios educativos a capas más grandes de la población, ofrecerles servicios de salud, de agua potable, vivienda, alcantarillado, recreación, transporte, comunicación, comercio, se mejoraron también las condiciones de trabajo, la participación política porque la gente sentía que su voto se reflejaba en beneficios para ella, produciéndose reformas legales para que los pobres pudieran acceder al goce de derechos y prerrogativas de las cuales habían sido privados desde siempre.
La inversión pública se multiplicó admirablemente entre 2007 y 2017 con la consecuencia de que la nación ganó mucho en todos los aspectos y los marginados pasaron a disponer de bienes y servicios que nunca antes habían tenido.
Pero a partir de 2017 se inició un proceso a la inversa, la mayoría ha venido soportando un permanente proceso de pérdida de su calidad de vida. En lo económico son solo los trabajadores los perjudicados, pero en otros planos el mal ha atacado aún a las familias de buenos recursos económicos. Solamente los grandes capitalistas han escapado a la tragedia.
Ya no se puede transitar tranquilamente por los espacios públicos, ni en la propia casa el ciudadano se siente seguro; ya no se puede tener un negocio sin preocupaciones como antes, porque los vacunadores han puesto en peligro la vida del pobre comerciante; los hospitales no tienen medicinas; no hay mantenimiento para las instituciones educativas, no hay confianza en la administración de justicia, no hay información veraz, se deterioran las carreteras, las comunicaciones, los edificios públicos, el sistema jurídico se halla en crisis, la tasa de homicidios crece espantosamente, nos bombardean con mensajes y hechos espeluznantes que aterrorizan, los salarios pierden su capacidad adquisitiva, las autoridades hacen todo lo contrario de lo que ofrecieron en la campaña electoral. No solo nos han arrebatado el pan, sino la paz, la tranquilidad, la seguridad. Muchos han perdido la vida, decenas de miles han tenido que emigrar.
Son las víctimas de esta triste realidad las que tienen que ponerse a investigar seriamente sobre las causas, las dimensiones, las consecuencias, los beneficiarios, las fuentes del problema, para llegar a encontrar las soluciones. Es un tema importantísimo, sobre el que quiero llamar la atención, sobre el que insistiré en adelante en mis artículos.
