Tiempos de tormenta

Quilanga, 29 de febrero 2024

Los tiempos aciagos que vive nuestra patria, no tienen nada que ver, con la isla de paz, promocionada tiempo atrás, al contrario, son tiempos de violencia, de angustia, de desesperanza, de incertidumbre y como que la muerte nos asedia.

No es el tiempo del estado de excepción, ni la declaratoria de conflicto armado con el que estamos aprendiendo a convivir, sino que, los tiempos de tormenta emergen desde lo interior de nuestras vidas, malas decisiones personales, malas decisiones electorales, mal manejo económico en la tormenta, debilidad de liderazgo gubernamental y organizacional, ausencia de decisiones de política pública en bien de la naturaleza y una ausencia de valores y de compromiso con un verdadero equilibrio social, económico y ambiental que nos lleve a vivir en armonía.

La tormenta política creada y recreada ya por largo años y que tiene a los mismos actores defendiendo su status económico, sus espacios de poder, su confort y seguridad personal y de grupo, no promueve espacios de consenso y acuerdos públicos en favor de todos, siguen tras bastidores acordando para sí mismos. La diversidad de colores de los partidos políticos no se ha entendido como un espacio de debate público para que las diferentes ideas o las débiles ideologías existentes sean orientadas a definir acuerdos comunes que beneficien a todos y en igualdad de oportunidades.

La política como arte y ciencia que busca el bien se ha trastocado terriblemente, y se ha convertido en un negocio, en donde “el que sabe, sabe, y el que no se hace candidato”, si tiene suerte y la voluntad de los electores lo decide gana una elección y automáticamente su modo de vida cambia, su status y ego se elevan, para mirar desde arriba a quienes lo eligieron y olvidar desde su confort las ofertas campaña. Verbi gracia, no vamos a subir impuestos, allí tenemos un IVA elevado al 15%, que al final afectará a quienes menos tienen.

La tormenta política se agrava con esta tormenta climática que azota y deprime. Inundaciones, derrumbes, damnificados, dolor y muerte, que no hace sino poner de manifiesto la debilidad institucional y la debilidad de infraestructura con la que cuenta nuestro país. Años de descuido, generado por la corrupción y la desidia que privilegia la sobra ante la obra, y, ante la ausencia de verdaderos planes de prevención, se apela a la proactividad y solidaridad social; es decir, los problemas de ellos, le botan a los ciudadanos.

A pesar de la calma por las presencia de las FF.AA apoyando la seguridad y una aparente calma política, no podemos olvidar que la economía del país va en declive. Las cifras de del empleo digno y seguro no mejoran; la justicia económica no llega en años y cada vez la pobreza y pobreza extrema crece, la migración irregular aumenta, la desnutrición infantil persiste y el derecho de todos a tener tierra, techo y trabajo se esfuma. Parece haberse fraguado un plan para impedir un cambio del sistema y del modelo de vida.

Es el momento de ratificar el compromiso con la patria y con los ciudadanos, ya se lo ha hecho en ocasiones anteriores, la unidad del país se ha extendido de extremo a extremo y se hemos salido abantes; pero, este es el momento también de exigir a los líderes gobernantes y de todas las organizaciones para terminar con la tormenta y empezar a trabajar con base a acuerdos que privilegien el bien común, el buen vivir.

Se puede, claro que se puede¡