La primera vez que puse un pie en la Casa de la Cultura Ecuatoriana (CCE) era apenas un adolescente de 17 años, lleno de esperanzas y con un gran deseo de explorar el mundo de la música. Recuerdo vívidamente cómo, al inicio de mis clases en el primer taller de canto dirigido por la maestra Estela Betancourt, sentí un profundo vínculo con ese ambiente cultural y musical. Aquel primer encuentro en la CCE marcó un hito en mi vida, motivándome a seguir inmerso en el universo musical. Quién podría imaginar que, más de quince años después, volvería a este emblemático lugar, esta vez como tallerista, ofreciendo a las nuevas generaciones el mismo espacio de crecimiento y aprendizaje que tanto me había beneficiado.
A lo largo de los años, tuve el honor de ser parte de diversos proyectos liderados por esta prestigiosa institución, que en los últimos tiempos ha experimentado un crecimiento significativo en sus programas de fomento y apoyo al sector cultural. Mi entusiasmo por permanecer cercano a este epicentro de la cultura es innegable, un lugar donde todos estamos invitados a contribuir, mediante la dedicación, el trabajo consciente y una política de acción constructiva.
La Casa de la Cultura Ecuatoriana, a pesar de enfrentar desafíos económicos y cierto olvido por parte de las estructuras centralistas, ha demostrado su resiliencia y capacidad para superar obstáculos. Hoy me levanto para aplaudir los 77 años de una institución fundada por un gran intelectual, y una gestión continua cuya influencia se ha extendido por todas las provincias del país. Si bien la historia se encargará de juzgar las acciones de sus líderes, estoy convencido de que actualmente el impacto positivo de la CCE en nuestra ciudad es indiscutible, manifestado a través de talleres, fondos, concursos, premios y el impulso a actividades culturales y proyectos emblemáticos que no solo promueven el arte, sino que también desempeñan un papel educativo en Loja y sus alrededores.
Deseo expresar mi respetuoso saludo al actual director de la CCE, anticipándome a los éxitos que ha alcanzado durante su gestión. Es importante recordar que el éxito de esta institución no recae únicamente en la figura de su presidente, sino en un proceso colectivo de construcción social en el que todas las entidades y actores de la sociedad podemos ser catalizadores de progreso. Por ello, celebro con orgullo los 77 años de vida institucional de nuestra Casa de la Cultura Ecuatoriana Benjamín Carrión núcleo de Loja, proclamando un brindis por la cultura y su vitalidad en nuestro tejido social.
