Efrén Sarango
Llegué hace mil años
cuando Loja dormía,
ascendiendo peldaños
en procura de un día.
Sus callejas olían
a nacientes arupos,
do sus aves pedían
el acíbar de frutos.
Sus portales sagrados
adoraban al frío,
abrazaban cansados
la crueldad del estío.
Las mujeres amaban
de sus hombres la sombra
y a escondidas rodaban
sobre cómplice alfombra.
Eran épocas bellas
con alfalfas doradas
con calores de estrella
sobre damas aladas.
Los tejados hablaban
con su boca arcillosa
las bondades que hallaban
en la miel de las rocas.
