La deshonestidad, contra la integridad personal 

Por: Lcdo. Augusto Costa Zabaleta  

Una persona íntegra no es aquella que le muestra una cara al mundo, y otra cuando nadie lo ve; la integridad no se determina por el lugar, la compañía o una situación, es la firmeza que nos confirma y afirma desde lo interno; en el sentido estricto de la palabra, es aquello que no carece de ninguna de sus partes, que es íntegra, lo que por definición también incluye lo más oscuro y vil; la integridad muestra coherencia con aquello que se lleva dentro de su corazón. 

En estos tiempos se valora demasiado la relación costo beneficio, y eso nos distancia de la integridad, pero sigue siendo posible ser quién eres, estés donde estés, sin importar quién te acompaña ni las circunstancias en las que te encuentres; hablo de la integridad porque es una meta sublime; el simple hecho de comprometerte a alcanzarla es el convoy que te conduce a ella; buscamos ser íntegros porque en el fondo deseamos tener un corazón que agrade a Dios, porque queremos corresponder a su gracia andando al ritmo de la voluntad divina y confiamos en que será nuestro boleto de entrada a la vida eterna; confiamos porque nuestro testimonio habla más que todas las palabras que seamos capaces de pronunciar. 

El ser íntegro es el que sabe que puede vivir confiado de no voltear sobre su hombro; es aquel que cuando sus emociones le golpean con fuerza se tambalea, pero no cae porque se sujeta de su fe; el ser íntegro escoge hacer lo correcto sin importar el precio social, individual o económico que implica, sé que suena penoso, pero no imposible, pero aun así te invito a subir al podio de la honra y del valor; si entrenas, poco a poco dejarás de tolerar la corrupción; no ocultaras información; no engañarás para controlar ni mentiras para aparentar; comenzarás a ser libre, y la libertad es un regalo y una consecuencia de vivir en integridad; y esto no lo logramos viviendo separados de Dios; es la lucha entre la conveniencia y la convicción, pero solo el ser que busca lo superior se anota en la aventura de ser mejor. 

La integridad es la profunda base del carácter personal y el cimiento de todas las virtudes; sin esta no seremos capaces de soportar el peso de los atributos que Cristo quiere añadir a nuestras vidas, sin duda se nos cerrará el camino a la humildad; ¿Cómo podemos arrepentirnos y ser limpios si solo mostramos una parte de lo que somos? es necesario hablar de todas nuestras oscuridades y corregirlas, enseñarlas y no avergonzarnos de tenerlas; porque solo aceptándolas podemos enmendarlas. 

La integridad es la solidez que mantenemos en elegir la opción correcta; lo honesto es que nuestras acciones sean conscientes con nuestras creencias. 

Nuestro continente ha sufrido durante años porque un segmento importante de la gente no percibe la corrupción como algo despreciable, sino como una manifestación de maña y astucia. 

Lcdo. Augusto Costa Zabaleta 

Céd. # 1100310455