Por Ruy Fernando Hidalgo Montaño
Los ecuatorianos, cada lunes nos levantamos inquietos ante los escándalos que se destapan uno tras otro, y que han tomado a este día como el favorito, para enterarnos de la podredumbre en la que ha caído la justicia del país, que necesita urgente una depuración de pies a cabeza, desde el conserje hasta el más alto magistrado. Se necesita jueces probos, libres de injerencia política, que no se dejen seducir por el dinero proveniente del narco internacional, que no favorezcan a mafiosos con sentencias viciadas de ilegalidad, chuecas de punta a punta, sabemos que, en la actualidad, esto suena a utopía barata, semejante a un ambulante que ofrece mercancías chimbas por las calles, esperando algún iluso que les crea y les compre, a ese nivel de descomposición hemos llegado y lo peor es que recién nos estamos enterando de la basura que se venía escondiendo desde hace décadas a nuestras espaldas desde los poderes del estado, que ilusamente creíamos independientes pero que ahora nos damos cuenta que han sido verdaderos nidos de ratas.
Con gente infiltrada en el poder judicial, algunos partidos políticos, ponían y quitaban jueces según sus conveniencias, como se ha evidenciado en el nuevo y triste capítulo de la patria llamado Purga, que es nada más y nada menos que la continuación del bullado caso Metástasis, solo con un añadir de nuevos protagonistas, todos enlodados por el fango de la corrupción: una dama que ganaba 2.500 dólares por poner todo a punto para colocar a otra dama en un alto puesto de la judicatura, no menciono sus nombres porque no lo merecen, además el pueblo ya las has colocado en el sitial de la deshonra que les ha asignado.
Lo ocurrido en la provincia del Guayas, es más que seguro que se esté replicando en otras partes de la República, porque los tentáculos del oportunismo y el descaro han ganado terreno y amenazan con desmoronar las pocas estructuras morales de Ecuador, que pese a todo se resisten a caer, se oponen a derrumbarse ante los embates de la ignominia y la degeneración, esa honradez, es la que debemos cuidar y preservar a como dé lugar. Los hilos de la corrupción y de las componendas se manejan desde arriba y también se tejen desde arriba, y rara vez caen, sino díganme ustedes ¿cuántos pillos de alto calado y de cuello blanco están presos hoy? La respuesta es ninguno, porque están blindados por una gran red de pilluelos de poca monta que les cubren las espaldas y ponen la cara por ellos, nos dan a consumir noticias, que nos dicen que han caído peces gordos, lo malo es que siempre comemos el cuento; ellos felices.
Mientras todo siga podrido, el caso Purga será una mancha más al tigre, y vendrán muchas más.
