EL SEÑOR DE LA VIDA

 P. Milko René Torres Ordóñez

Los caminos por los que transita Jesús son rutas de esperanza en una vida que debe renovarse día tras día. El anuncio de la Buena Noticia que predica el gran Maestro ofrece la luz de la fe en una nueva creación. Jesús ha realizado prodigios en la “otra orilla” en la que ha expulsado demonios. En Gerasa, fue rechazado por la comunidad. Le han pedido que se marche de este lugar. De regreso, hay algunas personas que lo esperan para recibirlo e invitarlo a compartir el pan de su mensaje de misericordia. El encuentro con un personaje de renombre, jefe de una sinagoga, reaviva la confianza en quien ha venido a regalar vida y en abundancia.

 Su hija se encuentra en agonía. Entre la algarabía y el tumulto aparece una mujer que toca su manto. Ella es, a los ojos de todos, una mujer impura puesto que sufre de una hemorragia incontrolable. Logra tocar su manto para alcanzar su anhelada curación. Las dos escenas, dramáticas en todo sentido, marcan un punto de inflexión en el drama que se vive. Dos milagros, con varios puntos en común, destacan el culmen de la acción milagrosa de Jesús. Jesús tiene poder sobre la vida. Acentúan la importancia de la fe. Creer en Jesús implica recibir de Él toda la fuerza necesaria que aumenta la fe en quienes lo aceptan. Jesús sana a una hemorroisa. A una mujer que se encuentra impura legalmente. Un ser humano que sufre la discriminación social y religiosa.

Vive marginada de la sociedad. Aparece como el médico que puede devolver la dignidad a un ser humano débil y pobre. Con la resurrección de la hija de Jairo descubrimos que el poder sobre la vida y la muerte provienen de Dios. Jesús tiene poder y autoridad para comunicar vida y para vencer a la muerte. Las dos acciones milagrosas no son simples actos de magia. La curación de la hemorroisa y la resurrección de la hija de Jairo se han realizado gracias a la fe de ambos. La fe que pide Jesús es sencilla. A diferencia del relato de la tempestad calmada, el Maestro crea una invitación para que se acerquen a Jesús los pobres de espíritu. Los atribulados. San Marcos, imprime un detalle significativo muy propio de su manera de compartir su visión profética:  deben guardar silencio.  Los discípulos, Pedro, Santiago y Juan, asumen el dilema de conservar el secreto mesiánico.

Ante la idea subjetiva de una orden extraña. Jesús revela una intención muy clara: prepara a su Iglesia para una victoria muy sublime. La victoria sobre su propia muerte. La intención de San Marcos es llevarnos a descubrir, con estos y otros milagros, la verdadera identidad de Jesús. El poder y la autoridad de Jesús, en estos y otros relatos, reafirman la urgencia de conocerlo íntimamente. Él es el Camino, la Verdad y la Vida. La plenitud de la fe es consecuencia de una decisión libre y comprometida. En el relato de la tempestad calmada, Jesús tiene poder sobre las inclemencias de la naturaleza. Crea un entorno de paz. En los dos milagros que realiza, Jesús remarca que su misión es liberadora. Defiende la vida.