Juventud y política: principios para la estabilidad

David Santiago Maldonado Peralta

La política contemporánea se asemeja a un espectáculo circense descontrolado, con acrobacias sin red, malabaristas peligrosos y payasos que lanzan humo. Cada día nos enfrentamos a una nueva crisis, promesas efímeras y alianzas que cambian a la velocidad de un tweet. Esta volatilidad ha generado una atmósfera de incertidumbre y desconfianza que afecta tanto a la sociedad en general como a nuestras oportunidades como jóvenes. En este contexto, nos corresponde a nosotros, los jóvenes, asumir la responsabilidad de frenar esta inestabilidad, armados con principios sólidos y una buena dosis de sensatez.

La política se ha convertido en un reality show de baja categoría. Los líderes cambian de opinión con frecuencia, generando una población que ya no sabe en quién confiar. La falta de continuidad en las políticas públicas es uno de los problemas más graves. Los proyectos a largo plazo se ven interrumpidos o desmantelados con cada cambio de gobierno, lo que impide el progreso sostenido en áreas cruciales como la educación, la salud y el medio ambiente. Además, la inestabilidad política desalienta la inversión y frena el desarrollo económico, afectando directamente nuestras oportunidades.

Sin embargo, no todo está perdido. Los jóvenes tenemos la energía, la creatividad y, por qué no decirlo, el hartazgo suficiente para ponerle freno a esta montaña rusa sin frenos. Para ello, necesitamos dejar de actuar impulsivamente y empezar a comportarnos como los adultos responsables que el mundo necesita. Primero, es necesario hablar de principios. Estos valores fundamentales, como la integridad, la justicia, la transparencia y el compromiso con el bien común, son esenciales. Manteniéndonos firmes en estos valores, podemos ser el faro en medio de la tormenta, el ancla en el mar agitado de la política.

Actuar con principios firmes significa rechazar la corrupción y la deshonestidad, tanto en nuestra vida personal como en nuestra participación política. Significa exigir transparencia y responsabilidad a nuestros líderes y no conformarnos con menos. No podemos permitir que la política siga siendo el terreno de juego de aquellos que buscan su propio beneficio a expensas del bien común. Debemos ser implacables en la defensa de la justicia y la equidad, asegurándonos de que las políticas beneficien a todos y no solo a unos pocos privilegiados.

Además, debemos evitar los impulsos. Actuar con la cabeza caliente solo conduce a más caos. En lugar de dejarnos llevar por la última controversia mediática, cultivemos la reflexión crítica. Informémonos, cuestionemos y consideremos múltiples perspectivas antes de tomar decisiones. La capacidad de pensar críticamente y tomar decisiones informadas es una de las herramientas más poderosas que tenemos para contrarrestar la volatilidad política.

Finalmente, debemos participar activamente en la política, no solo votando, sino también involucrándonos en movimientos sociales, organizaciones comunitarias y debates constructivos. Contribuyamos a un diálogo más racional y menos polarizado.

Si seguimos dejando la política en manos de los mismos de siempre, seguiremos viendo el mismo espectáculo de siempre.