Dr. Sebastián Valdivieso Cueva (+)

Por: Santiago Armijos Valdivieso

Asistir a la despedida final de un pariente o amigo, siempre nos torna más sensibles, más permeables a valorar el espíritu, más conscientes de la finitud de nuestra existencia y nos abre los canales del alma para valorar lo que se tuvo y se fue.

Ello causa un mayor impacto cuando presenciamos el viaje eterno de personas que inspiraron la vida, prodigaron entusiasmo y dejaron huellas, ondas y trascendentes, en esa suerte de cofradía gigante del existir que llamamos sociedad.

Ese es el caso de mi querido tío, Dr. Sebastián Valdivieso Cueva, hombre de corazón enorme, de mano generosa al momento de servir al prójimo y de carisma especial, cuyo inesperado y doloroso fallecimiento ocurrió un triste 11 de julio de 2024. 

Lo conocí en los años setenta, en la antigua casa de mi familia materna Valdivieso Cueva, situada en la calle José Antonio Eguiguren y 18 de noviembre. Lo hice en los tiempos en que los abuelos, Dr. Jorge Valdivieso Moreno y Yolanda Cueva Cueva, estaban empeñados en brindar cariño y dar ejemplo de honestidad y bondad para repartirlo entre diez hijos y muchos nietos. Eran momentos en el que mi tribu materna estaba completa y la felicidad la tocaba por todos lados, junto a tantos amigos que engrandecían nuestro entorno familiar.

Desde esos ya lejanos tiempos nació mi enorme admiración y respeto al tío Sebastián, sentimientos compartidos por todos mis tíos, hermanos y primos. Su afecto, su inteligencia chispeante, generadora de respuestas geniales para todo momento y motivo, que surgían en fracciones de segundo, no eran solo ejemplo, sino inspiración e invitación para abrazar el existir.

Sin duda, su condición de extraordinario lector, cuyas joyas literarias las atesoraba en su nutrida biblioteca de su casa en Sangolquí, fueron forjando al abogado, al hombre público, al amigo leal y al familiar que generaba orgullo e invitaba a abrazar los postulados de la honradez e integridad.

Siendo muy joven se radicó en Quito y desde ahí construyó una trayectoria limpia, en la que el ser y parecer de hombre honesto se conjugaron con las altas responsabilidades que ocupó, sea como secretario de la presidencia de la República, vocal del Tribunal Supremo Electoral, viceministro de Gobierno, secretario General del Banco del Estado, empresario íntegro o Notario Público.

Venturosamente, a Sebastián Valdivieso Cueva nunca lo mareó las altas funciones que ocupó durante su extensa trayectoria pública y privada, ya que, al contrario de la tendencia, siempre lo volvieron más humano y solidario, al momento de extender su mano amiga para servir y ayudar a quien pudo.

Confieso que el corazón me palpita más deprisa, y se llena de orgullo, cuando al recorrer las calles de nuestra querida Loja y encontrarme con muchos de sus amigos, les escucho expresiones de cariño y recuerdo hacia Sebastián, siempre en términos de gratitud por alguna ayuda recibida o por alguna anécdota inolvidable en la que fue protagonista.

Destaco que el amor que Sebastián tuvo a Loja, como un espontáneo latir de su corazón, fue permanente e intenso. En sus últimos años de vida logramos compartirle diariamente los periódicos digitales lojanos y lo mantuvimos al tanto de todo lo que sucedía en nuestra vieja y pequeña ciudad sureña de buganvillas, ríos, pasillos, amigos, plumas y guitarras. Eso lo emocionaba mucho y le alegraba la existencia. 

Pero su corazón enorme también fue de la ciudad de Quito, que tanto le dio y a la que mucho sirvió. Allí se forjó, en su versión adulta, el nombre y el hombre de Sebastián Valdivieso Cueva para trabajar y cultivar entrañables y numerosos amigos como los que lo acompañaron en sus funerales.

Ahora que Sebastián descansa en paz, sin el límite del tiempo, de las distancias y de los linderos, estoy seguro de que regresará a Loja, pero en el mundo de los sueños y de los recuerdos. Para cuando lo haga, le dejo como carta de cariño un sencillo poema que escribí para lojanos como él, quienes, aunque salieron de la patria chica, jamás se ausentaron, realmente. Este, titula “Volver a Loja” y dice así:

/Cuando el espíritu desmaye y la sed de cariño se agigante, regresa al rincón donde nacieron tu vida, tus sueños y tu ilusión. /// Si te embriaga el sinsentido y el aire aprieta las angustias, es hora de oler buganvillas y alimentarse del afecto que brota de los tuyos con pasión. ///En el momento en que la alegría no te alcance y todo lo veas en lontananza, refúgiate en el viejo vecindario en el que germinaron los amigos tiernos con devoción. ///Si la nostalgia empaña tu existir y tu alma no encuentra por quien soñar, retorna a tu tierra de campanas, recuerdos y emoción. ///Cuando navegues por el mundo inmenso y las brutales olas rasguen las velas de tus entrañas, refréscate en el agua de la fuente de tu tierra lojana para que sane tu corazón. ///.

Descansa en paz, querido tío Sebastián Valdivieso Cueva, tu ejemplar y generosa tarea está cumplida.